Tenesor Rodríguez Martel

¿No cabía en la visita papal ni una referencia a nuestros ancestros, que fueron masacrados en nombre de la cruz? ¿No se merecen el mismo respeto que la Iglesia empieza a mostrar – ya era hora- por las comunidades originarias del Amazonas?
La visita a Canarias del Papa Léon XIV, puede calificarse, sin miedo a la exageración, de hecho histórico. Se trata de la primera y única vez en toda nuestra historia que recibimos al sumo pontífice.
En este artículo nos proponemos analizar en qué contexto narrativo oficial se insertó este acontecimiento y, desde una perspectiva canaria, cristiana y descolonizadora, responder a la pregunta “¿Se puede hacer una lectura canaria del mismo?”
Los días 11 y 12 de junio de 2026, Robert Prevost, más conocido como León XIV, estuvo en Canarias en la fase final de una visita oficial al Reino de España, que lo llevó también a Madrid y a Barcelona.
Dentro de este viaje podemos distinguir, entre otras, las siguientes dimensiones:
- Dimensión geopolítica.
«Una oportunidad para repensar nuestro modelo sistémico (…)«
Koldobi Velasco, activista cristiana
La figura de Prevost, aunque menos conocida que las de Francisco y Juan Pablo II, es, sin ninguna duda, una de alcance universal. Sólo por este motivo se trata de un acontecimiento de carácter excepcional.
Pero, ¿por qué nunca se produjo antes?
Carmelo Rivero, en artículo publicado en el año 2022, relata que la periodista española que mejor conoció a Juan Pablo II, Paloma Gómez Borrero, le contó en una ocasión que Wojtyla había querido visitar Canarias en el marco de una gira africana, pero que el entonces ministro español de Asuntos Exteriores, Fernández Ordóñez, lo había desaconsejado para evitar que el líder independentista canario Antonio Cubillo lo esgrimiera como argumento de la africanidad de Canarias.
Baste recordar también que León XIV ha sido uno de los poco líderes mundiales que ha plantado cara de manera inequívoca al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuando éste último ha puesto en cuestión valores fundamentales de la fe cristiana, como la defensa de la paz o de la dignidad fundamental del ser humano.
La dimensión (geo)política de la visita es, pues, innegable.
- Dimensión pastoral
«Un pequeño gesto habría significado muchísimo para muchos corazones.«
Kiko Barroso, periodista
La versión oficial sostiene que el deseo del santo padre de venir a Canarias (que ya habían manifestado dos de sus tres predecesores), se basaba en su intención de mandar un mensaje de apoyo a los inmigrantes que, en busca de una vida mejor, se juegan la vida entre la costa continental africana y nuestro archipiélago.
La misión pastoral era, por tanto, de importancia primordial, puesto que, en medio de ataques de la extrema derecha europea y norteamericana, su voz se alzaba para decir claramente «No a la violación de los derechos de los migrantes», y «Sí a la vida digna, tenga el color y el origen que tenga». Dos mensajes cristianos fundamentales.
Un grupo de cristianos de base publicó, en este sentido, un tímido manifiesto que resalta aspectos muy importantes de la visita y del magisterio de León XIV, pero que no tematizó la narrativa dominante, controlada en todo momento por la Conferencia Episcopal Española. Este texto tampoco cuestionó ausencias y silencios de los que más abajo hablaremos.
Otros observadores, sin embargo, echaron de menos mensajes dirigidos a diversos colectivos y sectores de la población. Así, por ejemplo, Kiko Barroso, periodista de la Radiotelevisión Canaria, señaló que se había perdido „una oportunidad histórica para acercarse de manera clara y valiente a la comunidad LGTBIQ+“.
La activista cristiana y profesora de la ULPGC Koldobi Velasco, por su parte, habló de „una oportunidad perdida para repensar nuestro modelo sistémico“ y de que no se entendía que „en el siglo XXI la Iglesia Católica siga cerrando la puerta a la plena igualdad de las mujeres en todos los aspectos de la vida eclesial.“
Tanto Barroso como Velasco hablan de «oportunidad»; en el primer caso «histórica», en el segundo, «perdida».
Pero, ¿fue realmente así? ¿No es acaso normal que una llegada que despierta tantas expectivas esté condenada a frustar algunas de ellas? ¿O se podría haber esperado más?
- Dimensión institucional
«A veces, una simple pregunta lo replantea todo«
Enrique Dussel, filósofo
No hay que olvidar que el santo padre es también un jefe de estado. Que representa a la Santa Sede, al estado Vaticano, y que como tal es recibido. La dimensión institucional de esta visita quizá pueda explicar en parte lo rígido del protocolo, que incluía encuentros con representantes del poder civil y eclesiástico.
No hay más que recordar la llegada de la comitiva papal al Aeropuerto de los Rodeos, en la isla de Tenerife, y la abundante y prominente presencia militar en la comitiva de recepción. Una posible lectura es, por tanto, la institucional: se estaba recibiendo a un jefe de estado y esto explicaría, en gran medida, lo rígido del protocolo, lo cargado de la agenda y ciertas exclusiones temáticas.
¿Nos parece suficiente para entender y explicar por qué algunas expectativas estaban condenadas al fracaso y dejar de lado, «la sensación de que ciertos silencios pesaron demasiado»?
Sigamos indagando.
- Dimensión decolonial
» ‘Ama a los demás como a ti mismo’,
¿no exige también amarse a sí mismo
como persona y como pueblo?«
Pedro Hernández Guanir, psicólogo
Tal y como anuncié desde el principio de este texto una de las claves de interpretación que me propongo utilizar es la decolonial. Por razones de espacio no me voy a detener en los síntomas de la colonialidad de Canarias. Existen numerosos estudios y publicaciones que se adentran en ello con mayor o menor acierto. Me limitaré a señalar que, al analizar este viaje, me parece que, por honestidad intelectual, no podemos dejar fuera este aspecto.
En nuestra opinión, los silencios antes mencionados no afectan únicamente a un grupo social y ni siquiera se limitan a quienes hoy en día habitan las Islas.
El más elemental de los estudios sobre la historia de Canarias desvela que la Conquista y Colonización inauguraron la historia moderna de nuestro país con un hecho violento que, hoy en día, sería calificado de genocidio. En este episodio histórico fundacional la Iglesia Católica desempeñó el papel, nada menos, que de legitimadora de la destrucción de la cultura isleña precolonial y, posteriormente, de «educadora» de las masas en los nuevos valores dentro de la nueva cosmovisión castellana y europea.
¿No cabía en la visita papal ni una referencia a nuestros ancestros, que fueron masacrados en nombre de la cruz? ¿No se merecen el mismo respeto que la Iglesia empieza a mostrar – ya era hora- por las comunidades originarias del Amazonas?
Coincidimos en que «La reparación no borra el daño», pero no es menos cierto que «ayuda a dignificar a quienes lo padecieron»; y pensamos que estas palabras, surgidas de un deseo de justicia para con las víctimas de los abusos sexuales por miembros de la Iglesia (sentido y palabras que compartimos plenamente), también se pueden aplicar, y con razón, a quienes ya no están aquí, y nunca pudieron construir su futuro desde sí mismos; se les negó el derecho a existir; se les prohibió el ser; a los guanches.
Si alguien cree que estas palabras y estas asociaciones están cogidas por los pelos, quizá debería leer la carta abierta dirigida a León XIV publicada por un grupo de sacerdotes. En ella, relatan cómo el obispo de la Diócesis Canariense, comportándose como un auténtico colonizador moderno, arrinconó al clero canario durante la misa en la Catedral de Santa Ana, mientras daba trato de honor a religiosos llegados de Andalucía. Por si todo esto fuera poco, los feligreses canarios esperaban, mientras tanto, fuera, en la Plaza de Santa Ana, sin protección alguna frente al sol reinante.
Todo un símbolo de la jerarquía existente: en la Diócesis Canariense no ha habido ni un sólo obispo canario en más de medio milenio. Y en la Nivariense, en la que ha habido dos, estaríamos ante una anomalía histórica (esperemos que el comienzo de un cambio de tendencia) en una larga lista de obispos foráneos durante quinientos años.
Los sacerdotes, sabedores de que las dos diócesis canarias no cuentan con arzobispado propio y están bajo la jerarquía del de Sevilla (¡cómo resuena la historia colonial en todo esto!) añaden las siguientes palabras: «(…) estamos los canarios hartos del trato colonial».
Agradeciendo su paciencia a quien haya leído hasta aquí, me permito señalar que quizá esté pensando: «Vaya, quizá haya algo de esto, pero ¿qué tendrán que ver las reclamaciones del colectivo arcoíris o el feminista con el recuerdo de personas que hace ya siglos que ni están ni se les espera? ¿No está ya muy remanido el tema de la Conquista y no deberíamos pasar ya página de una vez y ser europeos de verdad, sin más requiebros?
Entiendo su perplejidad y voy a dejar que sea el alcalde de Santa Cruz de Tenerife quien resuelva sus dudas:
En su perfil de Facebook, José Manuel Bermúdez, alcalde de Santa Cruz de Tenerife por Coalición Canaria, compartió el 13 de junio el siguiente mensaje:
«Con motivo de la visita de su Santidad el Papa, desde Santa Cruz de Tenerife quisimos hacerle entrega de un obsequio que representara nuestra historia, nuestra identidad y nuestra alma como ciudad. (…) Elegimos la Cruz Fundacional, uno de nuestros símbolos más importantes (…)» (la cursiva es nuestra).
«Nuestra historia, nuestra identidad y nuestra alma» Según José Manuel Bermúdez la cruz que representa la dominación castellana engloba todo eso: nuestra historia, nuestra identidad y nuestra alma…
En los comentarios a su post encontramos uno de Thenesoya Martín, profesora de lengua y literatura en la William & Mary College de Virginia, Estados Unidos. La profesora formula una pregunta que, como diría el filósofo Enrique Dussel, todo lo replantea: «¿Y por qué no una pintadera? El pueblo canario existía antes de la conquista.»
Es decir, sí que existe un silencio que pesa demasiado sobre nuestro pasado y sobre el papel que la Iglesia Católica ha jugado en él. Desde la Conquista y la Colonización hasta su complicidad manifiesta con el régimen nacionalcatólico. Y nada de esto se tematizó durante la visita papal. En este sentido se trató de una oportunidad perdida.
Una lectura algo diferente sobre este hecho histórico y la ausencia de la cultura, espiritualidad e identidad canarias en la agenda y los actos la proporciona el Catedrático de Psicología de la ULL Pedro Hernández Guanir, que señala que «El Papa (…) destacó la Canariedad como un vivo ejemplo de fraternidad, misericordia y acogida, (…) recordando que la caridad cristiana exige rechazar la indiferencia ante el sufrimiento humano. Sólo me surge una pregunta: ‘Ama a los demás como a ti mismo’, ¿no exige también amarse a sí mismo como persona y como pueblo?»
Hernández Guanir da en el clavo.
- Dimensión social
«(…) nos invaden los europeos de primera para echarnos de nuestros hogares (…)«
(Carta abierta al Papa de sacerdotes canarios)
Otro de los aspectos que señalan los sacerdotes en su misiva es que «el Papa vino por la tragedia de tantas muertes en el Atlántico, pero también podríamos haber mostrado un poco de quiénes somos«.
Continúa la misiva: «(…) por el norte nos invaden los europeos de primera para echarnos de nuestros hogares, especulando con nuestra tierra. O vienen empresas hoteleras a poner miles de camas en la misma playa, mientras en otro punto derriban las casas de pueblos marineros…»
En estas palabras destaca el empeño por señalar que la cuestión clave de quiénes somos y cuáles son nuestros problemas estuvo ausente de la visita papal.
- Conclusión
«La sensación de que algunos silencios pesaron demasiado«
Kiko Barroso, periodista
La misiva de los sacerdotes comienza preguntándose si el Papa, después de su visita, sabría responder a la pregunta «¿Cuál es la idiosincracia del pueblo e iglesia canarios?» Con ella se abre la puerta a la reflexión que hemos intentado desarrollar en este artículo.
Con ayuda de consideraciones surgidas al calor de esta visita, hemos intentado señalar que la venida del Papa León XIV ha sido un evento histórico que ha dejado una huella imborrable en la memoria de creyentes y no creyentes por igual.
Han quedado también a la vista heridas sin cicatrizar, producto de injusticias cometidas a lo largo de nuestra historia.
Sólo si tematizamos estos conflictos y este sufrimiento, el de la mujer discriminada, el de la víctima de abusos no escuchada, el del miembro del colectivo arcoíris excluido, el del guanche brutalizado y olvidado, y escuchamos a sus protagonistas (también a los que ya no están aquí) podremos hablar de genuina justicia, misericordia y amor.