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En el sinfín de historias que merecen ser contadas en Canarias destaca, por su ausencia, los testimonios de mujeres, especialmente en el ámbito rural. Si además, estas mujeres se adentran en la cuestión de la sexualidad, echando una vista atrás desde su edad más o menos avanzada, el documento en sí se vuelve imprescindible. Soraya Domínguez Suárez y Adrián Sosa Guedes, integrantes de la Asociación Sociocultural Almagrote, comparten no pocas de las inquietudes que dieron vida al documental cuyo tráiler avanzamos: Ellas cuentan. Una pasión comedida.
Revista Digital Tamaimos: Para quien nos esté leyendo, antes que nada, ¿cómo nace Almagrote y cuáles son sus objetivos?
Asociación Sociocultural Almagrote: Almagrote nace desde la necesidad de crear proyectos con más sentido y más conectados con el territorio, la memoria y las personas. Nosotras, como yo veníamos de trabajar en el ámbito social y cultural, echábamos en falta más tiempo para escuchar, más espacio para investigar, para hacer las cosas con calma y desde otro lugar.
Nos interesa crear procesos donde las personas participaran de verdad y donde las historias del territorio no quedaran solo como algo anecdótico. Al final, muchas veces hablamos de identidad, de comunidad o de memoria, pero luego las personas reales casi no tienen espacio para hablar desde ellas mismas.
Nuestro objetivo es el de generar proyectos culturales y sociales con una mirada humana, crítica y cercana, donde la memoria oral, las relaciones y las experiencias cotidianas tengan un lugar importante.
RDT: ¿Cómo eligieron el tema de este primer documental y por qué decidieron hacer un documental y no usar cualquier otra vía?
ASA: Ellas cuentan, esta pasión comedida surge a raíz de algo que nos atravesaba desde hacía tiempo, la sensación de que las historias afectivas y sexuales de las mujeres mayores casi nunca se escuchan desde ellas mismas. Muchas veces aparecen contadas desde fuera, desde el estereotipo o directamente no se nombran, no existen.
A partir de esa idea inicial empezamos a interesarnos mucho en hablar de amor, deseo, matrimonio, maternidad, cuerpos, etc. pero intentando hacerlo desde un lugar cuidadoso y honesto. No queríamos convertir las historias de estas mujeres en algo sensacionalista ni hablar de ellas únicamente desde el sufrimiento. Nos interesaba escucharlas en toda su complejidad, entendiendo que cada una había vivido su vida, sus relaciones y sus decisiones de maneras muy distintas.
En un principio el proyecto iba a quedarse más en una investigación y una serie de entrevistas, pero poco a poco nos dimos cuenta de que había algo muy potente en las formas de hablar y de contarlo. Al final las miradas, los silencios, las risas, no pueden quedar escritas, tienen que verse.
RDT: ¿Cómo conocieron a las protagonistas de Ellas cuentan? ¿Cómo ha sido la relación con ellas?
ASA: A la mayoría de las protagonistas las conocimos a través de la Asociación de Vecinos «Rosa Nueva», en el barrio de El Hoyo, en La Aldea de San Nicolás. Una compañera vinculada al ámbito de la antropología, al conocer el proyecto y saber que estábamos buscando mujeres mayores del entorno rural que quisieran participar, nos puso en contacto con Begoña, la presidenta de la asociación.
La verdad es que fue una suerte, porque «Rosa Nueva» es una asociación muy viva y cuidada dentro del barrio. Es un espacio comunitario al que acude un grupo de mujeres que comparten actividades y se reúne con frecuencia. Eso hizo que el acercamiento fuese mucho más natural y humano.
A partir de ahí empezamos a ir, a conocernos poco a poco y a explicar el proyecto con calma. La relación con ellas ha sido probablemente una de las partes más bonitas y delicadas del proceso. Desde el principio tuvimos claro que esto no podía hacerse desde la prisa ni desde la sensación de “venir a sacar testimonios”. Había que generar confianza real.
Muchas compartieron experiencias muy íntimas que probablemente nunca habían verbalizado de esa manera. Y también pasó algo muy bonito, empezaron a escucharse entre ellas, a reconocerse en vivencias compartidas y a darse cuenta de que muchas cosas que pensaban que habían vivido en realidad formaban parte de toda una generación.
RDT: El documental etnográfico presenta numerosos retos a la hora de su realización. ¿Cuáles destacarían desde esta experiencia primera?
ASA: Uno de los mayores retos fue encontrar el equilibrio entre lo humano y lo narrativo. Cuando trabajas con memoria oral y con experiencias tan íntimas aparece una responsabilidad enorme, estás trabajando con vidas reales, no con personajes.
También fue un reto entrar en un lenguaje y una forma de trabajar que no era la nuestra. Nosotros venimos más del ámbito social y antropológico, así que toda la parte audiovisual fue un aprendizaje constante: pensar las entrevistas desde una narrativa audiovisual, construir un guion, entender tiempos, códigos y maneras de trabajar muy distintas a las que estábamos acostumbradas.
En esa parte tuvimos además la suerte de contar con un equipo audiovisual maravilloso (Teresa Velázquez, Carlos Calato y Tere Ruano) que nos ayudó muchísimo a aterrizar todo el proceso audiovisual y a transformar el proyecto en la pieza documental que terminó siendo.
Y luego hay algo que quizá no se ve tanto desde fuera: sostener emocionalmente el proyecto. Escuchar determinadas historias, acompañar ciertos recuerdos o incluso tomar decisiones sobre qué entra y qué no entra es una responsabilidad enorme.
RDT: ¿Qué otras temáticas les gustaría abordar en el futuro y por qué?
ASA: Nos interesa seguir trabajando la memoria oral, las relaciones humanas y las transformaciones sociales desde historias concretas y cercanas.
Ahora mismo tenemos mucho interés en seguir profundizando en proyectos relacionados con personas mayores, mundo rural, afectividad, género y territorio. También nos interesa mucho cómo cambian las comunidades, qué cosas desaparecen, qué permanece y cómo se construyen las identidades colectivas desde lo cotidiano.
Más que buscar “grandes temas”, nos interesa mirar aquello que normalmente parece pequeño o secundario, pero que en realidad dice muchísimo sobre cómo vivimos.
RDT: ¿Qué recorrido ha tenido hasta ahora este documental y cómo plantean la difusión del mismo?
ASA: El documental empezó proyectándose, a modo “evento de presentación”, en La Aldea de San Nicolás. Presentarlo en La Aldea era muy importante para nosotras porque el proyecto nace allí y sentíamos que las protagonistas y su entorno tenían que ocupar el centro del proceso.
A partir de ahí han ido surgiendo proyecciones en distintos espacios culturales, asociaciones, CEPAs y colectivos, tanto dentro como fuera del municipio. Ahora mismo una parte importante del trabajo también está siendo esa, movernos muchísimo para que el documental siga encontrando caminos. Estamos contactando con asociaciones, espacios culturales, colectivos, instituciones públicas y personas que creemos que pueden conectar con el proyecto o ayudarnos a abrir nuevas puertas.
La idea nunca fue hacer un documental para que se quedara guardado en un cajón. Al final, las historias que aparecen en Ellas cuentan, esta pasión comedida hablan de muchas más mujeres de las que salen en pantalla. Hay recuerdos, silencios, formas de vivir el amor, el cuerpo o los cuidados que atraviesan a generaciones enteras.
Por eso nos hace ilusión que siga viajando, llegando a otros municipios, a otros espacios y ojalá también a otras islas. Sentimos que no tendría mucho sentido hacer un proyecto así si esas voces no pudieran seguir encontrando escucha y conversación más allá del lugar donde nació.
También nos interesa que cada proyección no se limite a “poner un documental”, sino crear un espacio de encuentro donde puedan surgir recuerdos, reflexiones y diálogos entre generaciones.
RDT: ¿Consideran que la canariedad juega algún papel en su trabajo presente y futuro?
ASA: Sí, aunque quizá no desde una idea cerrada de la canariedad. Nos interesa hablar desde aquí y desde nuestras propias realidades, porque muchas veces las historias canarias quedan contadas desde fuera o reducidas a ciertos clichés. Hay formas de relacionarse, de hablar, de vivir los cuidados, el aislamiento o la comunidad que atraviesan muchísimo nuestras islas.
También creemos que existe una memoria cotidiana canaria que muchas veces no ocupa espacio en los relatos oficiales y ahí la memoria oral tiene muchísimo valor.
RDT: ¿Les gustaría añadir algo más que haya podido quedar en el tintero?
ASA: Nos gustaría gradecer a todas las mujeres que participaron en el proyecto, sin su confianza y su generosidad esto no existiría.
Y también recordar algo importante: muchas veces pensamos que las grandes historias son las que aparecen en los libros o en los discursos oficiales, pero hay muchísima sabiduría y muchísima memoria en las conversaciones cotidianas, en las cocinas, en los patios y en las vidas aparentemente “normales”. Al final, este documental nace de ahí.