Jonatan Galindo Álvarez

“Destruyamos, pues, al tirano gobierno español, pero no pongamos otro en su lugar que nos va suceder igual; tomemos posesión de toda la riqueza y organicémonos bajo la base de la libertad y de la igualdad y seremos relativamente felices, sin burgueses ni proletarios, sin amos ni esclavos, pues todos seremos libres productores”.
Secundino Delgado en el periódico El Esclavo – ante el proceso por la independencia de Cuba.
Canarias, ahora mismo, está de moda. Lo canario esta resurgiendo como una forma de vida
diferente que se puede codificar como imágenes y sonidos muy específicos: los magos, las chácaras, los carnavales… Todo eso forma parte de nuestra cultura pero también limita cómo podemos pensar la canariedad en un sentido más actual.
En la actualidad, mucha gente está acudiendo a esa imagen de la persona canaria solo en dos
sentidos: o está de fiesta, disfrutando; o limitada a la artesanía, el sector primario y el folclore
canario. Podemos encontrar desde artistas como Quevedo/Cruz Cafuné revindicándose como
canarios pero con letras que hablan de fiesta y lo que rodea a estas (en el sentido del estilo rap o, usando un término a mi parecer erróneo, urbano), hasta lo mas formal: donde entrarían desde el folclore más tradicional (Fran Baraja, por poner a alguien que recientemente lo hace) o fusiones con estilos más acordes a la actualidad (Lajalada, Cristina Mahelo, Alba Gil Aceytuno, el proyecto “Ácido folklórico”…), siendo esta ultima vertiente la que problematizaremos a la larga con respecto a la cuestión de “qué es lo canario”.
Si revisamos lo que realiza dicho grupo de artistas, vemos que la cuestión canaria queda en un segundo plano, a pesar de ser lo primero que llama la atención de estos proyectos. Son netamente canarios, sí, pero abarcan un tipo específico de lo canario y una canariedad que se ha usado no solo como reclamo turístico ante Europa desde los tiempos donde éste era incipiente, sino como un marco bastante encorsetado de lo que define a la persona canaria de manual. Lo que hacen no está tan lejos del simple remix techno de La Banda de Agaete o una versión con instrumentos canarios de una canción pop famosa chill out para adornar un paisaje de las Islas en un anuncio de una touroperadora alemana. Es cierto que no se sitúan en el mismo plano artístico: las primeras tienen una intención; las segundas son a modo de divertimento o para colchón sonoro, pero solo faltan dos o tres pasos para poder llegar a lo mismo.
El uso de lo canario como si fuera un simple adorno lleva a que se diluya en parte el mensaje que se da en muchas de las canciones y que se quede solo en eso: lo canario como si fuera exclusivamente una idea concreta y que usa elementos específicos (como el timple, el traje de mago/a…) para ser evocado. Tenemos que explorar más a fondo sobre qué es ser canaria en este momento y lugar, mirar mas allá de las romerías y los bailes tradicionales pero sin olvidarse de que forma parte de lo que somos.
Por ello, propongo una experimentación con lo canario desde la experimentación, no como un sustituto del folclore existente sino de expansión de este en ámbitos mas interesantes sónicamente.
La Poscanariedad sale al encuentro de la tradición y, por métodos de abstracción, llega a lo canario por vías aún inexploradas. Trata de imaginar cómo podría ser un folclore canario en un mundo en el que no se pudiesen tener instrumentos tradicionales. Por poner un paralelismo más claro: mientras el rock seguía en patrones claros (sea en versiones más edulcoradas como el álbum “Oriented Rock” o más extremas como el Grindcore), el postrock asume lo esencial del rock y lo expande hacia otros terrenos. Esto no solo ha hecho que nazcan otras sonoridades sino que ha hecho que el rock tome elementos del postrock y enriquezca la paleta sonora de este estilo.
Lo que podemos considerar Postcanariedad se podría definir en cuatro elementos constitutivos:
-El no uso de samples/instrumentos típicos de folclore: la Postcanariedad renuncia al uso de
samples e instrumentos folclóricos debido a que se intenta explorar de una manera más
abierta la identidad canaria y no acudir a los clichés.
-El reconocimiento de Canarias como nación intercultural: con raíces en África, colonizada
por el Estado español y con flujos migratorios constantes con el continente americano en su
conjunto.
-Un espacio por y para la gente canaria: no es un espacio para que gente de Europa pueda
suplantar a los canarios.
-Un reconocimiento de Canarias en su contexto: influencias latinas y africanas más
presentes, aparte de un componente de cultura internetera y postindustrial: es un espacio
donde se exploran diferentes géneros musicales. No solo es folclore al uso sino es electrónica, industrial… es canario pero canario dentro de un contexto donde estamos influenciadas por miles de fuentes de las que cada una bebe e interpreta lo artístico desde Canarias.
En definitiva, no es un folclore futurista pero es música inequívocamente canaria en su concepto, al igual que la música industrial no se puede desvincular de la época en la que nació (ciudades postindustriales de Europa y América).
Esto no conlleva a que la Postcanariedad vaya a sustituir o a destruir lo que otras artistas han
planteado la canariedad, sino que es un rechazo a lo que ya existe para poder extender qué es
realmente ser canaria y qué significa también la música canaria en el sentido más amplio del
término.
Hay cuestiones que se quedan fuera del debate y que merecen ser tratadas, como el hecho de si géneros como el merengue o la bachata, que son originales de Latinoamérica pero que se han desarrollado aquí de una manera idiosincrática, son folclore canario o se quedan fuera; que si el simple hecho de que sean músicos canarios ya convierte a dicha música en parte del folclore. Sin embargo, de momento quedan fuera de lo que queremos aportar con este manifiesto o golpe en la mesa en lo que se refiere a la música canaria y la Poscanariedad.