Aniaga Afonso

Hablamos con Fátima Pérez sobre la experiencia de practicar waterpolo a nivel internacional, un deporte tan duro como desconocido, aún más siendo mujer; y de las expectativas laborales de una joven canaria en el extranjero.
Aniaga Afonso (RDT): Preséntate.
FP: Hola, soy Fátima Pérez, tengo 27 años y soy ex jugadora de waterpolo. Empecé en este deporte bastante tarde, con 18 años, en mi pueblo, Los Realejos (Tenerife).
A los dos meses de empezar, probé en la porteria casi por casulidad, y desde entonces me quedé como portera.
Después de unos años, surgió la oportunidad de formar un equipo femenino en el Waterpolo Echeyde (Santa Cruz, Tenerife) y decidí unirme. Empezamos desde cero, pero en poco tiempo conseguimos grandes resultados: fuimos a la fase de ascenso, la ganamos y subimos a Primera División. Al año siguiente logramos ascender a División de Honor, donde jugué una temporada.
Tras esa etapa, me surgió la oportunidad de fichar por un equipo en Hannover, en Alemania, donde estuve dos temporadas. Fue una experiencia diferente, tanto a nivel deportivo como personal, que me permitió crecer y salir de mi zona de confort.
RDT: Hace poco entrevistamos a Devora de la Rosa, ex luchadora de lucha canaria, y nos comentaba que las ninas no pueden elegir la lucha si no la conocen. ¿Cómo llegaste tú al waterpolo? ¿Crees que hay buena cantera femenina en las Islas?
FP: Lo descubrí gracias a una amiga hace años. La verdad es que yo no tenía ni idea de que este deporte existía en Canarias, ni de que se podía practicar en mi pueblo. Pero desde que empecé, me encantó y decidí seguir.
Cuando yo comencé, ni siquiera había ligas femeninas. Llegué a competir contra chicos de categorías inferiores porque no había otra opción, y éramos muy pocas, literalmente se podían contar con los dedos de una mano.
Con el tiempo he visto una evolución positiva: cada vez hay más niñas, más equipos entre Tenerife y Gran Canaria, lo que es muy buena señal, y más visibilidad, y eso me hace muy feliz. Aunque no estoy completamente al día ahora de los campeonatos en las Islas, sé que el Echeyde sigue en División de Honor, e incluso ha competido en Europa, lo que también demuestra ese crecimiento del que hablo.
Aun así, queda mucho trabajo por hacer, sigue siendo un deporte minoritario en general. Si es femenino, como siempre, cuesta más que crezca, especialmente al ser islas, pero es muy positivo ver cómo va avanzando.
RDT: ¿Cómo es la vida de una waterpolista? ¿Qué diferencias ves con otros deportes?
FP: Pues, es una rutina muy exigente. En mi etapa en División de Honor entrenaba todos los días y prácticamente solo tenía una mañana y una tarde libres a la semana, haciendo dobles sesiones por la mañana y por la tarde-noche. Además, los fines de semana había competición y cada dos semanas tocaba viajar fuera, así que el ritmo es muy intenso. Ahí se nota mucho el hecho de ser islas: los desplazamientos implican vuelos, viajes largos para jugar y volver, y eso termina suponiendo un desgaste añadido importante, porque no se tiene en cuenta nuestra realidad geográfica.
El waterpolo exige muchísimo, tanto física como mentalmente, y eso marca completamente tu estilo de vida. Creo que lo que lo diferencia de otros deportes es que es muy completo: combina natación, fuerza, resistencia y mucha estrategia. Además, al ser un deporte de equipo en el agua, exige una intensidad constante, coordinación y mucho esfuerzo, lo que lo convierte en un deporte especialmente duro, pero muy gratificante.
RDT: ¿Es fácil compaginar el deporte de alto nivel con los estudios en Canarias?
FP: No es nada fácil. En mi caso, coincidió la etapa en Primera División con el último año de carrera, con prácticas y el trabajo de fin de grado, y fue realmente complicado.
Cuando pasamos a División de Honor, el nivel de exigencia aumentó mucho, entrenamientos largos y duros, prácticamente todos los días, y se hacía muy difícil compatibilizarlo no solo con los estudios, sino también con un trabajo. Requiere mucho tiempo y energía, y al final tienes que hacer muchos sacrificios cuando juegas a niveles altos.
RDT: ¿Qué te llevó a emigrar?
FP: Siempre tuve la inquietud de vivir una experiencia fuera, tanto a nivel personal como deportivo. Cuando surgió la oportunidad de irme a Hannover, no lo dudé. Quería salir de mi zona de confort, conocer otra liga, otra cultura y crecer en todos los sentidos. En principio iba a ser solo un año, pero al final se alargó a dos temporadas.

RDT: ¿Cómo fue tu experiencia en Hannover?
FP: Fue una experiencia positiva, pero también con sus dificultades. A nivel deportivo, la liga alemana es más pequeña que la española, con menos equipos, menos partidos y un nivel de exigencia más bajo.
A nivel personal, lo más complicado fue la integración. El ambiente de equipo era diferente al de Canarias. Aquí estamos más acostumbrados a hacer vida en grupo, compartir más allá de los entrenamientos, también con el equipo masculino. En Alemania era todo más individual, más disperso, y eso hizo que me costara más crear vínculos. Aun así, me quedo con lo que aprendí y con la experiencia de haber vivido fuera, que siempre fue algo que quería hacer.
RDT: ¿Te planteas volver a Canarias a corto/largo plazo?
Es una pregunta complicada. Siempre tienes esa parte de ti que quiere volver a casa, estar cerca de la familia y de los amigos, porque vivir fuera no es fácil. Pero hoy sigo viviendo fuera, y no es una decisión sencilla. Tal y como está la situación en Canarias, especialmente con el tema de la vivienda y el turismo, me genera muchas dudas plantearme una vuelta a corto plazo, ya que veo mas futuro laboral fuera de Canarias.
RDT: Un mensaje motivador para que más chicas en Canarias practiquen waterpolo…
FP: Les diría que se animen a probarlo. El waterpolo me cambió en parte la vida, no solo a nivel físico, sino también mental. El deporte te transforma en muchos aspectos. Gracias a él conocí a mucha gente, hice grandes amistades que aún mantengo, viví muchas experiencias y viajes. Además, aprendí lo que es la disciplina y el sacrificio por algo que te gusta, así como a convivir y a trabajar en equipo. Y además, es un deporte muy divertido, que hace que todo ese esfuerzo merezca la pena.