Raúl Guanche

¿Por qué lo “Gen Z” siempre tiene que existir en paralelo a los formatos convencionales? ¿Por qué no mezclar a estos creadores con programas clásicos y viceversa? ¿Por qué seguimos tratando el contenido joven como un universo completamente separado en lugar de integrarlo dentro de la conversación general de los medios? Muchas veces parece que, para intentar conectar con la gente joven, primero hay que aislarla en espacios específicos, cuando quizá lo más interesante sería precisamente lo contrario: mezclar generaciones, formatos y formas distintas de comunicar.
La Radio Televisión Canaria ha estrenado CHOSS, una nueva plataforma pensada para públicos jóvenes, creadores digitales y nuevos formatos audiovisuales. Y, sinceramente, más allá de que el proyecto termine funcionando mejor o peor, de que encuentre rápidamente su identidad o todavía esté en pleno proceso de búsqueda, creo que merece algo que en esta vorágine de contenido y encontrar el beneficio lo antes posible no se suele conceder demasiado a los proyectos culturales y mediáticos: tiempo. Tiempo real para probar cosas distintas y para construir una audiencia sin la presión inmediata de tener que justificar su existencia desde el primer día.
Cuando hablamos de oportunidades en Canarias, muchas veces reducimos la conversación a esa frase tan repetida de que “aquí no hay nada” o “eso en las islas no se lleva” (frase que no sé cuántas veces tuve que escuchar cuando acabé Comunicación Audiovisual y quería buscar oportunidades en casa). Sin embargo, quizá el problema nunca ha sido únicamente la ausencia de talento o de ideas, sino la dificultad para crear estructuras que permitan desarrollar esos proyectos a medio y largo plazo, un campo colmado y eclipsado por producciones extranjeras o contenido, digamos, “vacío” y descafeinado. Hay creadores, hay comunicadores, hay gente con propuestas interesantes y con ganas de hacer cosas diferentes, pero pocas veces existe el espacio suficiente para experimentar sin que todo se mida automáticamente en cifras, impactos o resultados inmediatos. Y CHOSS aparece precisamente en ese lugar donde todavía queda muchísimo por construir, dando un gran ejemplo.
Desconozco cuánto margen interno tiene realmente esta plataforma para prosperar, crecer o redefinirse con el paso del tiempo, una plataforma de contenido no se levanta de la noche a la mañana. Mucho menos cuando intenta conectar con una generación que consume internet de una forma completamente distinta a como se consume la televisión tradicional o en plataforma. El consumo de contenido no solo depende del creador sino de la misma red social y la edición (así que también es interesante analizar cómo las RRSS han creado escuela y estilo propio). TikTok funciona de una manera muy concreta. YouTube tiene otra lógica. Twitch genera otra relación completamente distinta con la audiencia. Un podcast escuchado en Spotify no se percibe igual que ese mismo podcast trasladado a televisión. Y muchas veces seguimos creyendo que basta con coger un contenido, cambiarle el aspect ratio a 16:9 y colocarlo en otro medio para que mantenga exactamente el mismo impacto. Si hablamos de una plataforma de contenido, la producción tiene que estar a la altura de lo que consume la gente todos los días en internet.
Por esa razón creo que el proyecto necesita margen para probar, equivocarse, cambiar cosas y repensarse continuamente. Porque si desde el primer día se le exige competir contra plataformas gigantes, algoritmos imposibles y creadores que llevan años construyendo comunidades en internet, entonces la conversación deja de ser justa. Hay formatos que tardan meses o incluso años en encontrar su tono, y eso también debería entenderse cuando hablamos de proyectos nacidos desde un contexto público y local como este.
Creo que aquí también podrían abrirse caminos especialmente interesantes. ¿Por qué lo “Gen Z” siempre tiene que existir en paralelo a los formatos convencionales? ¿Por qué no mezclar a estos creadores con programas clásicos y viceversa? ¿Por qué seguimos tratando el contenido joven como un universo completamente separado en lugar de integrarlo dentro de la conversación general de los medios? Muchas veces parece que, para intentar conectar con la gente joven, primero hay que aislarla en espacios específicos, cuando quizá lo más interesante sería precisamente lo contrario: mezclar generaciones, formatos y formas distintas de comunicar. Pero quizá ese debate pueda venir después.
Este artículo va, sobre todo, de celebrar que exista la oportunidad de intentarlo. De que Canarias produzca, experimente, arriesgue y quiera hablarle a un público amplio desde su propia gente. Canarias contándose a sí misma y por la generación que la va a vivir.
Y eso, sinceramente (y aunque sea triste), ya es bastante más de lo que hemos tenido durante mucho tiempo.