
Pino Trejo
Las demandas feministas permean también la Iglesia católica en su búsqueda de una vivencia igualitaria, sin discriminaciones por motivo de género, que acoja también a las nuevas masculinidades y que ponga a esa institución religiosa en hora con los tiempos. En Canarias también se articula esta Revuelta de mujeres en la Iglesia, cuyos postulados principales recogemos en este artículo firmado por Pino Trejo.
Venimos de lejos…
A nosotras nos gusta presentarnos diciendo que venimos de lejos, porque si hemos llegado hasta aquí es gracias a una historia de vida con nombres de mujeres, desde una complicidad compartida y sororal: la Santa Ruah de Dios y la siembra terca y resiliente de los colectivos feministas cristianas en nuestro país desde hace más de 40 años; creando espacios de reflexión, acompañamiento, espiritualidad, celebrativos, publicaciones, etc., así como una importante red entre nosotras. Todo este proceso nos ha ido fortaleciendo y empoderando como un sujeto eclesial activo y crítico.
Comenzamos a organizarnos sobre los años 80, nos unió primero la espiritualidad, unida al pensamiento teológico feminista y a la acción. Se crearon diferentes colectivos que fueron sembrando y preparando el camino.
Cómo surgió la Revuelta
Empieza a gestarse entre los años 2018 y 2019 en el contexto de las huelgas feministas convocadas el 8 M y en las que, muchas de nosotras y nuestros grupos, participamos activamente, así como en diferentes convocatorias en las que nos íbamos encontrando activistas cristianas feministas.
En los diálogos de estos encuentros, aparecía siempre la misma pregunta: ¿para cuándo la reivindicación y la propuesta al interior de nuestra iglesia? ¿Cómo empujar una reforma desde las perspectivas de las mujeres, desde una profunda inspiración evangélica, desde la práctica liberadora y transgresora de Jesús con las mujeres? ¿Cómo hacerlo desde el potencial y el bagaje que la cultura de los feminismos ha aportado a nuestra condición de mujeres cristianas?
Las movilizaciones de las mujeres alemanas del movimiento María 2.0 con la boca sellada con un trozo de esparadrapo; la indignación experimentada ante la negación del voto de las mujeres en el Sínodo de la Amazonia; el video de varias religiosas españolas, apoyando la huelga feminista, encendieron la chispa de la Revuelta. Las primeras fueron Alcem la veu de Barcelona que lanzaron la convocatoria para movilizarnos ante la discriminación en la Iglesia y contactan con compañeras de Madrid que la secundan, la difunden y extienden por otros lugares de la geografía española.
Actualmente, en el Estado español la Revuelta está presente en más de 32 ciudades: Alicante, Almería, Badajoz, Barcelona, Bilbao, Burgos, Cabra, Cádiz, Cantabria, Córdoba, Donostia, Granada, Gran Canaria, Huelva, Huesca, Jaén, León, Logroño, Lugo, Madrid, Málaga, Menorca, Murcia, Oviedo, Pamplona, Salamanca, Santander, Sevilla, Santiago de Compostela, Tenerife, Valencia, Valladolid, Vigo, Vitoria, Zaragoza.
Desde el 2021 hemos convocado concentraciones delante de las catedrales el domingo antes del 8 de marzo y ya vamos por el sexto año; hemos realizado 3 encuentros estatales (el primero en 2021) y uno de la zona Sur, donde participó Canarias junto con Andalucía, Badajoz y Murcia. El 6 y 7 de junio celebraremos el II Encuentro.
Nos coordinamos con grupos internacionales, como Voices of faith y el colectivo latinoamericano Tras las huellas de Sophia.
Por qué surge la Revuelta
De un malestar y de una esperanza.
El malestar. No nos sentimos reconocidas, se nos invisibiliza, estamos ausentes de los ámbitos donde se toman las decisiones, a pesar de ser las que más participamos en la marcha de la comunidad parroquial y diocesana.
Sentimos que nuestros problemas no se tienen en cuenta, que se nos trata como cristianas de segunda categoría. El clericalismo y el patriarcado nos relega, nos silencia, no se nos escucha; se nos sigue considerando menos válida, como seres incompletos, no aptas para representar lo sagrado, y en el lenguaje que se utiliza en la liturgia, catequesis, documentos… Nunca aparecemos, a pesar de ser mayoría en las tareas de voluntariado, celebraciones religiosas, catequesis, pastoral, liturgia, consejos parroquiales y acción social y solidaria; a pesar de ser muchas en los movimientos eclesiales y tareas educativas; a pesar de ser las manos y el corazón de la Iglesia, se nos explota y violenta.
También nos pasa que no nos damos cuenta del trato peyorativo y paternalista que sufrimos, nos autopercibimos inferiores y normalizamos esa forma de estar en nuestra Iglesia, pues “siempre se ha hecho así”.
La esperanza. Viene de la Buena Noticia de un Jesús que transgrede las normas de una sociedad profundamente patriarcal, que constituye una nueva masculinidad en su contexto y en su época, y que aprende a serlo en su relación y amistad con las mujeres, mutua y recíprocamente liberadora.
El movimiento contracultural de Jesús derivó en una Iglesia, que en sus inicios, hizo de la igualdad entre hombres y mujeres una de las aportaciones más radicales del cristianismo a la historia de la humanidad. Queremos recuperar la comunidad de iguales que él creó.
Nuestras reivindicaciones
Queremos:
Una Iglesia que no nos niegue ni el don, ni la gracia, ni la vocación, ni el derecho, en virtud de nuestra consagración como bautizadas y en la que desaparezca todo tipo de discriminación por razón de sexo.
Una Iglesia que se nutra y reeduque desde las aportaciones de la teología feminista, para hacer una lectura crítica y una reflexión de la propia experiencia y del Evangelio, que deconstruya imágenes de Dios, lenguajes, ritos, mitos que se construyen sobre el sufrimiento de las mujeres, especialmente de las más pobres.
Una Iglesia que elimine el lenguaje patriarcal y sexista de homilías, textos y documentos y se atreva a interpretarlos para que sean liberadores para la humanidad entera.
Una Iglesia que se abra al diálogo y la cultura de los feminismos y los movimientos de liberación de las mujeres, subrayando que la igualdad que buscamos no consiste en repetir el modelo masculino ni su comportamiento, sino la igualdad de derechos en una sociedad y en una Iglesia con palabra también de mujer y fundada en relaciones de ecojusticia.
Una Iglesia que acompaña sin juzgar toda la diversidad de las familias, de identidades y orientaciones sexuales.
Una Iglesia con tolerancia cero frente a toda forma de abuso de conciencia, abuso sexual, explotación económica, con una apuesta decidida por la eliminación de la pederastia, y la reparación a las víctimas. Que ponga fin de manera efectiva a la violencia contra las mujeres y la feminización de la pobreza dentro y fuera de ella misma.
Una Iglesia que conciba la sexualidad como un don de Dios que acerca a su misterio de plenitud y vida desbordante y que repiensa la moral sexual desde la perspectiva de las mujeres, una moral preñada de ternura y misericordia, liberándola de tabúes y culpas.
Una Iglesia paritaria, que sea de hecho comunidad de iguales, donde las mujeres seamos reconocidas como sujetos de pleno derecho, con voz y voto en todas partes, valoradas por los propios talentos, carismas y aportaciones a las comunidades.
Una Iglesia sinodal y plural, donde ninguna persona sea excluida en el acceso a los ministerios, ni en los órganos decisorios de la Iglesia por razones de su sexo. Una Iglesia que nos escuche y nos deje participar no como una mera cuestión simbólica o «escénica», sino ejercida de forma decisoria, con consecuencias en la vida de la Iglesia y su organización interna.
Una Iglesia experta en semillas de alternatividad y futuro, más que en grandes plantaciones, semillas como la del grano de mostaza, de la que nos habla el Evangelio, que cuando crece es lugar de sombra y cobijo, encuentro, reconciliación y fiesta de las mujeres libres y que se nos regala desde el presente que vamos gestando como don y tarea en sororidad, hasta que la igualdad sea costumbre en la iglesia.
Camino recorrido en Gran Canaria
Como Revuelta, podemos decir que nacimos el 5 de marzo de 2020, cuando Pepa Torres convocó una tertulia de mujeres en la Iglesia. Lo hicimos por wasap y el boca a boca. Fue cuestión de un par de días, pero la convocatoria fue todo un éxito: acudieron más de 50 mujeres.
De ese encuentro, salió una comisión que se encargaría de dinamizar la puesta en marcha de la revuelta en la isla. En un principio estaba formada por 7 mujeres de diferente procedencia eclesial (parroquia, movimientos, comunidades, congregaciones religiosas).
Además pedimos a todas las asistentes que nos dejaran su correo electrónico para poder contactar con ellas cuando empezáramos a realizar los actos. Sin embargo, a la semana nos confinaron y tuvimos que esperar hasta el verano para poder hacer algo. Esta comisión tenía preparado un encuentro para septiembre del 2020, pero hubo que cancelarlo debido a las restricciones sanitarias.
Comenzamos a retomar el contacto en marzo de 2021 cuando preparamos la concentración frente a la catedral. Ese mismo año, en noviembre, participamos en el I Encuentro estatal de la Revuelta y durante el 2022, estuvimos preparando los talleres del sínodo de las mujeres. Al siguiente curso, decidimos comenzar a organizarnos: se constituyó el grupo motor y celebramos nuestra primera asamblea en octubre de 2024. En ella acordamos crear tres comisiones: de celebración, de formación y para el acto de marzo. El grupo motor se reúne mensualmente y las actividades de celebración y formación se van alternando cada mes.
Venimos de lejos, somos muchas y alzamos la voz para decir: ¡Hasta que la igualdad se haga costumbre!