Alexis W

¿Puede un color amalgamar una identidad, haciéndola aflorar por los rincones de una isla? El artista multidisciplinar Alexis W. nos invita a una alquimia inesperada, no en pos de metales preciosos, sino tras el rastro que la reacción que el sulfato de hierro, elemento ancilar de nuestra agricultura, provoca en el cemento cotidiano. Como toda reacción provoca una acción, el proyecto «Isla de Ferro» invita a un accionar comprometido y solidario de toda la ciudadanía herreña para redescubrirse colectivamente en un proyecto de isla sostenible compartido. Tal es la fuerza de un simple color en las manos y la mente de quien conoce su valor.
La isla de El Hierro y su encrucijada contemporánea
Es fácil olvidar que el paisaje no es solo aquello que contemplamos, sino también aquello que construimos, alteramos y habitamos cada día. En El Hierro, donde he crecido y aprendido a mirar, mi compromiso con el territorio nace precisamente de esa conciencia, la de entender que la sostenibilidad no es un discurso abstracto, sino una práctica cotidiana que se manifiesta en los pequeños gestos, en las decisiones que tomamos sobre nuestro entorno más inmediato. El Hierro ya no es ese lugar idílico donde nuestro acervo se escribía con un lenguaje propio, el de la lejanía. La isla ya no es ese territorio que se mantuvo ajeno y al margen de las grandes encrucijadas de la sociedad contemporánea. El herreño de principios del Siglo XXI se ha convertido en un urbanita que carga con el pesado y peligroso complejo del querer “ ser moderno”. Nuestra memoria como pueblo conectado con el territorio y la autosuficiencia alimenticia parece pervivir solamente en el imaginario ficticio construido para proyectarnos al exterior y en el relato ficcionado de la tradición.
En este principio del siglo XXI el potaje identitario y el proceso de transformación de la sociedad herreña está siendo tan vertiginoso que la falta de conciencia de nuestra realidad y la carencia de ejercicio crítico está poniendo en crisis el proyecto y modelo de isla por el que habíamos apostado desde finales del siglo XX. Así lo constata el informe de Reserva de la Biosfera del 2019 que nos sitúa en la última posición de las 52 reservas españolas. El contexto histórico, la desmemoria y la velocidad de los nuevos tiempos nos ponen en peligro, obligándonos a mirar el paisaje que habitamos y a nosotros mismos con otras coordenadas. Si queremos decidir qué lugar ocupar en la construcción de nuestro futuro solo nos queda entender el momento y relacionarnos con la isla de otra manera.
El Sulfato de Hierro. La simbiosis cromática
Hace veinte años mi profesor de párvulo, Imeldo Bello, me transmitió el conocimiento de un color que había descubierto de paseo por las fincas de plátanos en la Palma. Este color o gama cromática se conseguía por el proceso de oxidación del cemento cuando era intervenido por las partículas de sulfato de hierro ( fitosanitario utilizado para la piña y el plátano ). Esta sustancia, cuando es diluida en agua y entra en contacto con el cemento, produce una reacción química en la que el gris se transforma en una gama cromática de ocres. En función de la disolución o el número de manos que se aplique, aparece una variedad de matices (ocres, naranjas, amarillos, rojizos, calabaza, óxidos) que se repite en todas sus variantes en los paisajes de la isla, estableciéndose increíbles y curiosas relaciones de similitud entre ambas paletas. Es como si en cada intervención con esta solución trasladáramos al gris del cemento los colores del paisaje insular.
La llamada gama Ferrosa no es una elección estética caprichosa, sino una paleta endémica, un lenguaje propio que nos permite intervenir el paisaje sin imponer. Cuando aplicamos este pigmento sobre el cemento, no lo estamos ocultando sino integrándolo y devolviéndolo al paisaje al que pertenece. Porque más allá de su dimensión estética, el proyecto plantea una ética frente a la tentación de transformar el paisaje desde lógicas externas, ya que el proyecto «Isla de Ferro» propone intervenir desde dentro, con materiales, procesos y tiempos que pertenecen al propio territorio. El sulfato de hierro, al oxidarse, no fija un resultado permanente puesto que evoluciona, se degrada, se intensifica o se diluye según el tiempo y las condiciones ambientales y es ahí, en ese punto orgánico donde el proyecto nos recuerda que nuestra identidad no se define solo por lo que se conserva, sino por cómo se transforma.

Isla de Ferro. La poética de los colores insulares
“Isla de Ferro” es el nombre de un ambicioso proyecto, que nace desde esa necesidad de asumir entre todos y con responsabilidad el compromiso en el uso y la gestión del territorio en nuestra querida y amada isla. Esta iniciativa que comenzó a andar en el año 2007, se encuentra actualmente en expansión y pleno desarrollo, invitando al vecino, al turista o visitante a una nueva relación con el paisaje insular, entendido este como una construcción cultural. Desde el principio “Isla de Ferro» ha sido concebido como una apuesta integral con varios frentes de actuación, que caminan de la mano, en horizontal, a ritmos diferentes pero en la misma dirección: hacer isla.
Este proyecto cromático se ha convertido en una herramienta de innovación en el modelo turístico sostenible, en un proyecto artístico y paisajístico que está aportando nuevos cromatismos al paisaje contemporáneo de la isla. Detrás de todo este trabajo yace un compromiso con la conservación y recuperación de nuestro patrimonio natural, arquitectónico y cultural. Entre los valores del proyecto “Isla de Ferro» destacan la capacidad de re-significar espacios degradados a través de intervenciones artísticas en las que se genera un debate estético sobre la noción de territorio. Con estas intervenciones cromáticas estamos recuperando “territorio deteriorado visualmente”, un hecho trascendental dentro de la encrucijada contemporánea del archipiélago, donde todas las problemáticas y opciones de futuro pasan por decidir cómo vamos a gestionar lo que queda de lo que fue este maravilloso jardín atlántico. También se mueve en el mundo de las altas ideas y por otro lado, y no menos importante, en el espacio vital de la comunidad, involucrando al vecino en el proyecto de calle, barrio, pueblo e isla, convirtiéndolo en el protagonista activo del espacio que habita.
Esta experiencia estética es una invitación a soñar la isla, a camuflarnos en su paisaje y a buscar el delicado equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. Poco a poco “Isla de Ferro” se ha ido convirtiendo en una suerte de intervención cromática en el paisaje físico y emocional de los que tenemos la fortuna de vivir aquí. La isla como concepto, idea y espacio, es una responsabilidad comunitaria y durante estos años de desarrollo se han ido sumando o involucrando todos los estamentos de la sociedad herreña en el ámbito de lo público y lo privado. Ha sido y es un proyecto de suma colectiva y comunitaria, que ha sabido ir conectando a los que amamos la isla y los que de una manera u otra tenemos una responsabilidad con el territorio, más allá del hecho mismo de habitarlo. Un proyecto de todos.
El proyecto tiene grandes maestros y referentes, nuestros mayores y su forma de vida, auténticos héroes de la supervivencia, pioneros en los conceptos modernos de Ecología y Sostenibilidad. La escala humana y geográfica de la isla convierten a El Hierro en un pequeño laboratorio que te invita a trabajar con la premisa de que aquí todo es posible y ese es el clavo ardiendo al que nos agarramos para no acabar en el desastre medioambiental en que se han convertido demasiados lugares de nuestras islas hermanas. Juntos podemos. Con este proyecto queremos reivindicar la relación del herreño y el canario con nuestra tierra y su memoria, recrearnos y defender lo que queda de nuestro jardín macaronésico, fortalecer el compromiso de todos con el patrimonio cultural y natural de Canarias, nuestro centro del mundo. Queremos hablar de la tradición del color, del privilegio y el orgullo de ser de aquí, de nuestra historia, de la isla como paradigma de paraíso, de nuestro pasado presente y futuro, de la pared, la piedra, del campesino y el pastor, pero sobre todo, de poesía y compromiso. Me encanta vivir y sentirme de aquí, mirando el mundo desde la periferia.
Más referencias sobre «Isla de Ferro»:
Artículo en la Guía Repsol