Entrevista a Ali Salem Sidi Zeim, delegado del Frente Polisario en Canarias sobre la ocupación del Sáhara Occidental, la solidaridad canaria y el derecho a la autodeterminación, entre otros muchos temas
El próximo 27 de febrero se cumple medio siglo de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). El Frente Polisario, creado en 1973 como movimiento para buscar la independencia del Sáhara Occidental de España, la potencia colonizadora, respondió así a la Marcha Verde de noviembre de 1975. Un grupo de colonos y militares marroquíes entraron en territorio saharaui ante la pasividad de España, pendiente de la salud del dictador, y entregó los territorios saharauis a Marruecos y Mauritania en los Acuerdos de Madrid.
Con todas estas efemérides en la cabeza, y en un momento en el que se vuelve a hablar de las ambiciones expansionistas de Marruecos sobre Canarias en la opinión pública, tiene una enorme pertinencia dialogar con Ali Salem Sidi Zeim, delegado del Frente Polisario en Canarias. Ali Salem lleva tres años como delegado en Canarias, antes estuvo en Madrid. Me recibe sereno y me responde con envidiable calma sobre cuestiones que son dolorosas para un pueblo oprimido, cuyos Territorios Ocupados están a escasos kilómetros de las Islas.
La relación Canarias-Sáhara Occidental viene de lejos. Muchos canarios probaron fortuna en el antiguo Sáhara Español. Con los lamentables acontecimientos de los 70 y décadas posteriores, la solidaridad del pueblo canario con el saharaui se evidencia claramente en hechos como el programa Vacaciones en Paz, donde el peso de Canarias es muy importante. Pero las urgencias de otros conflictos abiertos en lugares como Ucrania o Palestina, opacan las atrocidades que sufre un pueblo arrebatado de su territorio y con un referéndum aplazado desde hace más de 30 años.
No por mil veces pronunciada es menos pertinente la cita de Gioconda Belli en la que expresó que “la solidaridad es la ternura de los pueblos”. Y en ese camino hacia el reencuentro, nuestro país tiene un referente cercano, con el que comparte región geográfica e intereses comunes. Más allá de la justicia histórica de devolver el territorio a un pueblo que ha acumulado mucho sufrimiento, está el hecho de reclamar, en un contexto desfavorable, que no cabe la ley del más fuerte para las relaciones internacionales.

El pasado mes de noviembre de 2025 se cumplieron 50 años de la Marcha Verde y de la ocupación marroquí de los territorios del Sáhara Occidental. ¿Cómo es la situación del Sáhara actualmente? ¿Cómo son los territorios ocupados y cuál es el ambiente tanto allí como en los territorios liberados y en los campamentos de Tinduf?
Como se sabe, el Sáhara Occidental fue colonia española hasta 1975, cuando España se retiró del territorio sin cumplir con su responsabilidad jurídica y moral de llevarlo a un proceso de descolonización. Posteriormente se produjeron los llamados Acuerdos Tripartitos de Madrid, mediante los cuales España entregó el territorio a Marruecos y Mauritania. Marruecos ocupó el Sáhara Occidental por la fuerza y, desde ese momento, se desató el conflicto: la lucha del pueblo saharaui, a través del Frente Polisario, y la guerra contra Marruecos.
Ahora se cumplen 50 años de esa ocupación y de ese abandono por parte del Estado español. Coincidiendo con esa fecha, el Frente Polisario, fundado en 1973 como movimiento de liberación que luchaba contra la presencia colonial española y que posteriormente tuvo que enfrentarse a Marruecos y Mauritania, proclamó la República Árabe Saharaui Democrática el 27 de febrero de 1976. Estamos, por tanto, ante el 50 aniversario tanto de la ocupación como de la proclamación de la República.
Esta invasión y este conflicto han significado una situación extremadamente difícil para el pueblo saharaui, que quedó dividido en dos partes: una que permanece en los territorios ocupados bajo dominio marroquí y otra que se vio obligada a trasladarse a la frontera con Argelia, donde se instalaron los campamentos de refugiados saharauis, en los que viven alrededor de 200.000 personas hasta el día de hoy.
La situación en los territorios ocupados es muy grave. La población saharaui sufre violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte de las autoridades marroquíes. Desde 1976 hasta la actualidad, miles de saharauis han sido encarcelados en centros de detención secretos; entre 600 y 700 personas continúan desaparecidas sin que Marruecos facilite información sobre su paradero. Centenares de saharauis han pasado entre 15 y 18 años en prisión sin juicio, y algunos de ellos lograron salir con vida.
“Desde 1976 hasta la actualidad, miles de saharauis han sido encarcelados en centros de detención secretos; entre 600 y 700 personas continúan desaparecidas sin que Marruecos facilite información sobre su paradero”
Además de la represión, Marruecos practica el expolio ilegal de los recursos naturales saharauis. La población saharaui no se beneficia en absoluto de esos recursos, pese a que el derecho internacional prohíbe a una potencia ocupante explotarlos sin el consentimiento del pueblo del territorio.
En los campamentos de refugiados, la población vive en condiciones extremadamente duras, en pleno desierto, con temperaturas que en verano superan los 50 grados. La vida depende casi exclusivamente de la ayuda humanitaria internacional, que en los últimos años ha disminuido considerablemente, sobre todo tras la pandemia de la COVID-19, debido al encarecimiento del transporte, los alimentos y la reducción del apoyo de los países donantes. Programas de Naciones Unidas como el PMA se han visto seriamente afectados.
Desde el punto de vista político, el conflicto sigue sin resolverse en el marco de Naciones Unidas, a pesar de que desde 1963 el Sáhara Occidental figura en la agenda de la ONU como territorio pendiente de descolonización. Se reconoce el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación mediante un referéndum que, a día de hoy, no se ha celebrado por la falta de voluntad política de Marruecos.
En 1991, con el Plan de Arreglo de Naciones Unidas y la Unión Africana, se creó la MINURSO y se firmó un alto el fuego con el compromiso de celebrar el referéndum en seis meses. Han pasado más de 34 años y el proceso sigue bloqueado. Marruecos sabe que un referéndum libre y justo conduciría a la independencia del Sáhara Occidental y por eso obstaculiza sistemáticamente su celebración.
La última resolución del Consejo de Seguridad, de octubre pasado, volvió a renovar por un año el mandato de la MINURSO y a pedir una solución negociada entre el Frente Polisario y Marruecos. Sin embargo, Marruecos insiste en proponer una supuesta autonomía dentro de su soberanía, lo cual carece de sentido, porque primero debe resolverse la cuestión de la soberanía. Esta pertenece al pueblo saharaui y solo puede decidirse mediante un referéndum. El pueblo saharaui lleva 50 años luchando por su independencia y no acepta ningún tipo de imposición o entreguismo.
“Marruecos siempre ha mantenido una política expansionista. No solo en el Sáhara Occidental, sino también en otros territorios. Reclamó parte de Argelia tras su independencia en los años 60, lo que provocó la llamada Guerra de las Arenas. Reclamó igualmente Mauritania tras su independencia y mantiene reivindicaciones sobre Ceuta, Melilla y, de forma indirecta, sobre Canarias”
Hablaba antes del saqueo de los recursos naturales. En el tablero geopolítico del norte de África, donde se encuentra el Sáhara Occidental y Canarias, se habla de tierras raras, de nuevas infraestructuras y de proyectos como el del puerto de Dajla impulsado con apoyo, incluso, de Proexca. ¿Cuál es la valoración que hacen de estos hechos?
Como bien has dicho, el objetivo principal de Marruecos es económico: la explotación de los recursos naturales del Sáhara Occidental. Se trata de un territorio muy rico. Contamos con el Banco Pesquero Saharaui, uno de los más importantes del mundo por la cantidad y calidad de especies marinas, y con los yacimientos de fosfatos, que también son de los más importantes a nivel mundial.
Además de estos recursos, Marruecos explota otros como el hierro, el petróleo, el oro y diversos minerales. En la zona sur del Sáhara, por ejemplo, existen explotaciones de oro. También se está desarrollando la explotación de energías renovables, como la energía eólica y solar, aprovechando las muchas horas de sol y el viento constante. Estas explotaciones se realizan a través de empresas internacionales, principalmente europeas.
Otro ámbito es la agricultura. En determinadas zonas del Sáhara Occidental se dan muy bien productos como el tomate y otros cultivos que Marruecos explota, muchas veces con empresas francesas y marroquíes, para luego exportarlos a Europa.
Todas estas explotaciones son ilegales. Marruecos es una potencia ocupante y no tiene derecho a explotar los recursos naturales del Sáhara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui. Así lo establece el Derecho Internacional. Las sentencias más recientes del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, dictadas el año pasado, anulan cualquier acuerdo o convenio entre la Unión Europea y Marruecos que incluya el territorio del Sáhara Occidental, precisamente porque no se reconoce la soberanía marroquí sobre este territorio. Toda explotación debe contar con el consentimiento del pueblo saharaui, representado por su único y legítimo representante, el Frente Polisario.
En este contexto, Marruecos siempre ha mantenido una política expansionista. No solo en el Sáhara Occidental, sino también en otros territorios. Reclamó parte de Argelia tras su independencia en los años 60, lo que provocó la llamada Guerra de las Arenas. Reclamó igualmente Mauritania tras su independencia y mantiene reivindicaciones sobre Ceuta, Melilla y, de forma indirecta, sobre Canarias.
Marruecos pretende extender su plataforma continental y su zona económica exclusiva hacia Canarias, incluso hasta llegar a las fronteras marítimas del archipiélago. Se habla de recursos como el petróleo en estas zonas del Atlántico. Para ello, Marruecos intenta involucrar a agentes externos, empresas transnacionales y a la propia Unión Europea, con el objetivo de legitimar su presencia colonial y expansionista en el Sáhara Occidental, una presencia que no es reconocida por Naciones Unidas.
Lamentamos especialmente que desde Canarias algunas empresas, incluso vinculadas o financiadas por el Gobierno de Canarias, se involucren en estos proyectos, como el puerto que Marruecos pretende construir en territorio saharaui. Este puerto, además, supondría una competencia directa para los puertos canarios. Consideramos que esto contribuye a legitimar la ocupación y el expolio de los recursos naturales del Sáhara Occidental, violando los derechos del pueblo saharaui.
“Lo que estamos viendo es la ley del más fuerte. Es una experiencia que conocemos muy bien en el Sáhara Occidental después de más de 40 años de ocupación, ya que Marruecos ha contado siempre con el apoyo de las potencias occidentales europeas”

En el plano geopolítico internacional el mundo está muy agitado: las revueltas de Irán, el genocidio en Palestina, la guerra de Ucrania, el secuestro al presidente venezolano, el expansionismo hacia Groenlandia, las tensiones entre Estados Unidos y otros países… ¿Cómo afecta este contexto global al Sáhara Occidental?
Desafortunadamente, lo que estamos viendo es la ley del más fuerte. Es una experiencia que conocemos muy bien en el Sáhara Occidental después de más de 40 años de ocupación, ya que Marruecos ha contado siempre con el apoyo de las potencias occidentales europeas.
Estos conflictos internacionales desvían la atención mediática, política y diplomática del conflicto saharaui. Guerras como las de Gaza o Ucrania, o las tensiones geopolíticas entre grandes potencias, hacen que el Sáhara Occidental quede relegado, pese a ser un conflicto de descolonización pendiente.
Sin embargo, el Sáhara Occidental es un caso distinto. No es un conflicto entre dos Estados ni una guerra interna, sino un proceso de descolonización que Naciones Unidas tiene la obligación de resolver. Somos uno de los últimos territorios pendientes de descolonización en África y, en ese sentido, la comunidad internacional debería prestar más atención y aplicar un trabajo que ya está hecho desde hace décadas: el Plan de Arreglo de Naciones Unidas y la Unión Africana para la celebración de un referéndum de autodeterminación.
La tendencia actual de resolver los conflictos mediante la fuerza va en contra del derecho internacional y de los derechos de los pueblos más débiles, que no cuentan con el poder necesario para defenderse frente a estas violaciones flagrantes.
“Durante estos casi 50 años, Naciones Unidas ha aprobado decenas de resoluciones que reconocen ese derecho y mantienen el tema saharaui en su agenda. Sin embargo, en la práctica, no ha aplicado los mecanismos necesarios para obligar a Marruecos a cumplir las resoluciones ni los acuerdos firmados con el Frente Polisario bajo los auspicios de la ONU”
Hablábamos antes de la MINURSO. ¿Cuál es la valoración que hace el Frente Polisario del papel de la ONU, en un mundo donde parece que las reglas pierden peso y prima la ley del más fuerte?
Las Naciones Unidas son un logro importante del multilateralismo internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de resolver conflictos de forma pacífica. Han tenido un papel relevante en muchos procesos internacionales. Sin embargo, en los últimos tiempos su papel se ha debilitado, especialmente en el caso del Sáhara Occidental.
El conflicto saharaui está plenamente reconocido por la Asamblea General de Naciones Unidas, figura en la agenda del Comité de Descolonización y fue objeto de un dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya en 1975, que estableció claramente que Marruecos no tiene ni ha tenido nunca soberanía sobre el Sáhara Occidental y que el pueblo saharaui tiene derecho a la autodeterminación.
Durante estos casi 50 años, Naciones Unidas ha aprobado decenas de resoluciones que reconocen ese derecho y mantienen el tema saharaui en su agenda. Sin embargo, en la práctica, no ha aplicado los mecanismos necesarios para obligar a Marruecos a cumplir las resoluciones ni los acuerdos firmados con el Frente Polisario bajo los auspicios de la ONU.
En el caso del Sáhara Occidental, Naciones Unidas se ha limitado a reconocer y a pedir una solución, pero no ha ejercido la presión necesaria, ni ha impuesto sanciones, ni ha garantizado la celebración del referéndum. Esto supone un incumplimiento de su responsabilidad en la preservación de la paz y la seguridad internacionales.
“La postura de España sobre el Sáhara cambió en 2022 cuando Pedro Sánchez expresó su apoyo a la propuesta marroquí de autonomía, calificándola como la solución más viable. Con ello, España se desvió totalmente de su posición histórica y reconoció implícitamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental”

Por otro lado, hablábamos antes que la potencia administradora sigue siendo el Estado español. En los últimos tiempos ha habido un giro, con el apoyo del Gobierno español al proyecto de autonomía marroquí. Además, desde el ámbito cultural han aparecido producciones como la película Sirat, nominada a los Óscars y ambientada en territorios ocupados del Sáhara Occidental. ¿Considera que ha cambiado la postura del Estado español y de la opinión pública respecto al conflicto saharaui?
España sigue siendo la potencia administradora del Sáhara Occidental, así reconocida por el derecho internacional, porque se retiró del territorio sin cumplir con su responsabilidad de llevarlo a un proceso de descolonización. La presencia de Marruecos en el Sáhara Occidental es una presencia ilegal de ocupación.
A pesar de que algunos responsables políticos españoles intentan eludir esta responsabilidad, España sigue siendo responsable del territorio. Durante años, los distintos gobiernos españoles mantuvieron una posición clara de apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, tal y como defendían en Naciones Unidas.
Esto cambió de manera drástica en 2022, cuando el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, expresó su apoyo a la propuesta marroquí de autonomía, calificándola como la solución más viable. Con ello, España se desvió totalmente de su posición histórica y reconoció implícitamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Marruecos utiliza todos los medios posibles para confundir a la comunidad internacional y a la opinión pública: políticos, culturales, económicos y propagandísticos. Utiliza el cine, como en el caso de la película que mencionas; promueve el turismo; impulsa proyectos económicos; y abre consulados de países, principalmente africanos, en ciudades del Sáhara Occidental donde ni siquiera hay ciudadanos de esos países.
Todo esto busca dar una apariencia de normalidad y de soberanía que no existe. Va en contra de la legalidad internacional, de las resoluciones de Naciones Unidas y de la voluntad del pueblo saharaui, que es el legítimo dueño del territorio.
“Durante los últimos 50 años de conflicto, el pueblo saharaui siempre ha sentido y valorado la solidaridad del pueblo canario. Ha sido una relación constante de apoyo, de cercanía y de amistad, que se manifiesta en todos los ámbitos: político, cultural y humano”
La relación entre el Sáhara Occidental y Canarias ha sido históricamente muy estrecha, tanto por la cercanía geográfica como por la cercanía emocional. ¿Cómo se percibe desde la perspectiva saharaui ese apoyo del pueblo canario?
La relación entre el Sáhara Occidental y Canarias es histórica y se remonta a los primeros momentos de la presencia española en el territorio. Es una relación cultural muy profunda. Compartimos el idioma español, historia, relaciones familiares y comerciales. Muchos canarios estuvieron en el Sáhara en la época colonial española, y esto dejó una huella muy importante.
Durante los últimos 50 años de conflicto, el pueblo saharaui siempre ha sentido y valorado la solidaridad del pueblo canario. Ha sido una relación constante de apoyo, de cercanía y de amistad, que se manifiesta en todos los ámbitos: político, cultural y humano.
“Canarias, en los años de mayor participación, acogía alrededor de 300 niños cada verano. Actualmente, la cifra ha bajado considerablemente y en los dos últimos años apenas hemos podido traer entre 100 y 105 niños”
Dentro de esa relación de solidaridad nace en 1979 el programa Vacaciones en Paz. ¿Cómo surge este programa y qué supone para la infancia saharaui?
El programa Vacaciones en Paz es un programa humanitario de enorme importancia para los niños y niñas saharauis de los campamentos de refugiados. Comenzó en 1979, cuando el Partido Comunista de España invitó a un primer grupo de alrededor de 100 niños. A partir de ahí, el programa fue creciendo hasta alcanzar cifras de entre 7.000 y 10.000 niños al año en todo el Estado español, incluyendo Canarias.
El programa permite que niños y niñas de entre 8 y 12 años pasen los meses de julio y agosto con familias de acogida españolas. Cada niño puede participar hasta cuatro veranos consecutivos.
Para los niños saharauis es fundamental porque les permite recibir atención médica especializada que no es posible en los campamentos, donde no existen medios suficientes para diagnosticar y tratar determinadas enfermedades. También supone una mejora importante en la alimentación durante dos meses y una salida de las durísimas condiciones climáticas del verano en el desierto, donde las temperaturas superan los 50 grados.
Además, los niños conocen realidades completamente nuevas: ciudades, aviones, el mar. A pesar de que el Sáhara Occidental tiene más de 1.200 kilómetros de costa, muchos niños nunca han visto el mar, salvo en fotografías.
El programa también refuerza el aprendizaje del español, que es nuestra segunda lengua y se enseña en las escuelas a partir de determinados niveles educativos. Y, por supuesto, fortalece los lazos humanos entre familias saharauis y canarias, generando relaciones que duran toda la vida.
“Desde las asociaciones solidarias estamos trabajando para sensibilizar y animar a más familias a participar, ya que en estos momentos está abierta la campaña de captación”

¿Tienen datos sobre la acogida en Canarias? ¿Qué papel juega el archipiélago dentro del programa?
El programa se desarrolla en todo el Estado español. Antes de la crisis de 2008 se llegó a recibir entre 8.000 y 10.000 niños anuales. Posteriormente, la cifra disminuyó y la pandemia de la COVID-19 obligó a suspender el programa durante los años 2020 y 2021.
Canarias, en los años de mayor participación, acogía alrededor de 300 niños cada verano. Actualmente, la cifra ha bajado considerablemente y en los dos últimos años apenas hemos podido traer entre 100 y 105 niños.
Uno de los problemas es la logística. Aunque Canarias está cerca del Sáhara, en la práctica los vuelos son los más largos y costosos, ya que no pueden atravesar el espacio aéreo marroquí. Los aviones deben volar primero a la Península Ibérica, luego al norte de Argelia y finalmente a Tinduf, lo que supone más de cuatro horas de vuelo.
A pesar de ello, siempre ha habido una buena respuesta de las familias canarias. Desde las asociaciones solidarias estamos trabajando para sensibilizar y animar a más familias a participar, ya que en estos momentos está abierta la campaña de captación.
Para terminar, ¿qué mensaje le daría a las familias canarias que se estén planteando participar en Vacaciones en Paz?
En primer lugar, queremos agradecer profundamente a todas las familias canarias que durante años han acogido a niños saharauis. Hay familias que llevan más de 30 años participando, que han acogido incluso a los hijos y nietos de los primeros niños que llegaron, y eso dice mucho de la dimensión humana del programa.
Animamos a las nuevas familias a sumarse. La experiencia es enormemente positiva. Las propias familias lo dicen: acoger a un niño de otra cultura abre la mente, enriquece a los hijos y crea lazos de amistad que trascienden fronteras. Muchas familias viajan después a los campamentos, conviven allí con las familias saharauis y regresan con una experiencia profundamente transformadora.
Es un beneficio mutuo, afectivo y humano, tanto para los niños como para las familias de acogida. Por eso invitamos a las familias canarias a participar y a seguir fortaleciendo esta relación histórica de solidaridad entre nuestros pueblos.