
Acción performativa Camino al Fórum, realizada dentro del eje temático Vivienda Colectiva en el marco de FOCCO — Fórum de Ciudades Corresponsables de Canarias (2024). Fotografía: Madi Ramos / Mi Lima Limón.
Oficina de Innovación Cívica S. Coop. Can.
María Tomé, Adrián Rodríguez, Bentejuí Hernández y Pascual Pérez (Oficina de Innovación Cívica S. Coop. Can.).
Uno de los malestares que aquejan a nuestra sociedad se refiere indudablemente a la escasez de vivienda digna para la población de las Islas. En una economía especializada en dar alojamiento para las necesidades de ocio y reposo de buena parte de la clase trabajadora europea, los canarios y canarias sufren de manera creciente las problemáticas de todo tipo que lleva aparejado un mercado de la vivienda escaso, convulso y marcadamente especulativo. La reflexión sobre la vivienda en Canarias debe ocupar un primer plano que motive cambios políticos y sociales que aún no atisbamos. En este artículo, las socias de la Oficina de Innovación Cívica apuntan no pocas claves para este imperioso debate.
La vivienda es, hoy, la principal preocupación social de las personas que habitan las Islas Canarias. El suelo y su escasez son, además de una condición histórica e inherente a cualquier territorio insular, uno de los principales focos de tensión del archipiélago. En materia de vivienda, Canarias —donde cerca del 40% del suelo se encuentra protegido— compite en el resto del territorio por un recurso finito y esencial para garantizar el derecho a una vida digna, frente a la especulación inmobiliaria, la presión turística y la masificación, asociadas a la movilidad privilegiada1, el turismo residencial y los procesos de residencialismo2. Dinámicas que, en conjunto, han contribuido a la creciente saturación del territorio insular.
Las maladaptaciones y la ausencia de límites
Desde una perspectiva de adaptación3, la vivienda desempeña un papel central. Es uno de los principales sistemas para reducir vulnerabilidades y aumentar la resiliencia colectiva: protege frente a olas de calor, condiciona la pobreza energética, determina la exposición a riesgos como inundaciones, incendios o aislamiento, y sostiene —o debilita— las redes de cuidado que permiten la reproducción de la vida cotidiana. Cuando la vivienda falla, falla también la capacidad de adaptación de una sociedad y compromete profundamente nuestro futuro.
Sin embargo, muchas de las respuestas actuales y medidas políticas que se están tomando pueden leerse como maladaptaciones4. Bajo la lógica de crecer, crecer y crecer, se proponen soluciones que aparentan aliviar la urgencia a corto plazo pero que, a medio y largo plazo, incrementan la fragilidad social, territorial y ambiental. Consumir más suelo, construir sin límites claros al turismo o al residencialismo, y promover modelos residenciales desvinculados de la comunidad y los cuidados no reduce los riesgos: los desplaza y los amplifica.
Este diagnóstico resulta especialmente evidente en Canarias, donde convergen de forma intensa muchos de los grandes retos urbanos de nuestro tiempo. El archipiélago es hoy una de las fronteras migratorias más mortales del mundo; atraviesa una profunda crisis de acceso a la vivienda; sufre una turistificación masiva; enfrenta riesgos crecientes de desastres naturales; cuenta con un altísimo porcentaje de suelo protegido y es una de las regiones más vulnerables al cambio climático. A todo ello se suma una fuerte dependencia exterior —energética, alimentaria y logística— y un modelo económico excesivamente centrado en el turismo, que limita la diversificación productiva y acentúa la fragilidad del sistema territorial y social.
En este contexto, intervenir la vivienda —en todas sus dimensiones: física, social, energética, comunitaria y territorial— se revela como una de las herramientas de transformación ecosocial más potentes de las que disponemos hoy. Lejos de ser un ámbito sectorial, la vivienda actúa como una palanca de cambio desde la que es posible proteger el territorio, reforzar la cohesión social, reducir impactos ambientales y garantizar condiciones materiales para una vida digna.
Pero para que esta transformación sea posible es necesario cambiar también la manera en que evaluamos y diseñamos la vivienda. No basta con medir metros cuadrados, precios o número de unidades construidas. Es urgente desarrollar nuevos indicadores ecosociales del habitar, que incorporen variables ecológicas, energéticas y materiales, pero también sociales y comunitarias: la calidad de los espacios, el acceso a los cuidados, la soledad no deseada, la violencia de género, la autonomía de las personas, la salud física y mental o la capacidad de generar redes de apoyo mutuo.
Solo a través de este enfoque será posible definir cuáles son los estándares mínimos de una vivienda ecosocialmente justa en las islas y avanzar hacia un modelo que permita a Canarias volver a ser un verdadero territorio doméstico: un lugar donde no solo se sobrevive, sino donde sea posible desarrollar una vida plena, arraigada y compartida.
Pero ¿y si existieran alternativas residenciales capaces de ganarle terreno a la especulación, blindar el derecho a la vivienda, proteger el territorio, reducir la huella de carbono, combatir la soledad no deseada, reforzar la soberanía alimentaria, redistribuir los cuidados y cuidar la identidad colectiva de las islas?
Foto 01. Acción performativa Camino al Fórum, realizada dentro del eje temático Vivienda Colectiva en el marco de FOCCO — Fórum de Ciudades Corresponsables de Canarias (2024). Fotografía: Madi Ramos / Mi Lima Limón.
Oficina de Innovación Cívica S. Coop. Can.
Cambiar la vivienda para cambiarlo todo: las cooperativas de vivienda en cesión de uso
Las cooperativas de vivienda en cesión de uso representan hoy una de las alternativas residenciales más sólidas para afrontar de forma integrada muchos de los retos que atraviesan la vivienda en Canarias. Se trata de modelos en los que la propiedad del inmueble recae en la cooperativa y no en las personas a título individual, garantizando el derecho de uso de forma estable y desvinculando la vivienda de la lógica especulativa.
Más allá de su dimensión jurídica, estas experiencias permiten ensayar otras formas de habitar basadas en la cooperación, el apoyo mutuo y la corresponsabilidad. Fortalecen redes de cuidado, reducen la soledad no deseada y promueven una vida cotidiana más sostenible y arraigada al territorio. Al priorizar el uso frente a la acumulación, las cooperativas en cesión de uso protegen el suelo como bien común y abren la puerta a estándares de vivienda más austeros en recursos, pero más ricos en vínculos.
En un territorio insular, finito y altamente tensionado como el canario, estos modelos ofrecen además una oportunidad estratégica para avanzar hacia una verdadera adaptación ecosocial. Al reducir la presión sobre el mercado, limitar la especulación y favorecer formas de vida más próximas y comunitarias, las cooperativas de vivienda en cesión de uso contribuyen a reforzar la resiliencia social y territorial frente a las crisis climáticas, económicas y de cuidados que ya están en marcha.
Escalando la solución: hacia un ecosistema estatal de cooperativas de vivienda en cesión de uso
Si las cooperativas de vivienda en cesión de uso han demostrado ser una herramienta eficaz a escala local, el reto ahora es escalar la solución y consolidar un verdadero ecosistema estatal que permita su despliegue de forma estructural, estable y accesible.
Para ello, resulta imprescindible superar el marco limitado de la colaboración público-privada basada en la cesión de suelo a promotoras y avanzar con valentía hacia fórmulas de colaboración público-comunitaria. Reconocer a las cooperativas y a las comunidades organizadas como agentes legítimos de producción de vivienda implica un cambio de paradigma: pasar de entender la vivienda como un producto a gestionarla como una infraestructura de cuidados, arraigo y derecho colectivo.
Este cambio requiere también reforzar los equipos técnicos, tanto dentro de las instituciones públicas como en el ecosistema profesional y comunitario que las rodea. Son necesarios perfiles capaces de acompañar procesos complejos de vivienda cooperativa: desde la activación comunitaria y el diseño participativo, hasta la gestión jurídica, económica y territorial de los proyectos. Sin capacidad técnica, la voluntad política queda limitada.
Ahora bien, escalar no puede significar desproteger el modelo. La expansión de las cooperativas de vivienda en cesión de uso debe hacerse desde marcos éticos y políticos claros que impidan su captura por lógicas especulativas o meramente instrumentales. En este sentido, los principios de la Economía Social y Solidaria, impulsados por redes como REAS, y los aportes del ecofeminismo resultan fundamentales para garantizar que el crecimiento del modelo no vacíe su sentido transformador.
Desde la Economía Social y Solidaria, se refuerza la primacía de las personas y del bien común frente al capital, la gestión democrática, la intercooperación y el arraigo territorial. Desde el ecofeminismo, se sitúan los cuidados, la sostenibilidad de la vida, la corresponsabilidad y la equidad en el centro de las decisiones. Ambos enfoques actúan como mecanismos de protección del modelo, asegurando que la vivienda cooperativa en cesión de uso siga siendo una herramienta de justicia social, territorial y ambiental, y no una solución despolitizada.
Pero escalar estas soluciones no es solo una cuestión normativa o administrativa. Es, sobre todo, una batalla cultural y de imaginarios. Durante años, la protesta ha sido —y sigue siendo— una herramienta clave y absolutamente necesaria para señalar los límites del modelo actual. El siguiente paso consiste en convertir esa energía en propuesta, en relatos compartidos que permitan imaginar futuros habitables y deseables.
Frente a la idea instalada de que “no hay alternativa”, resulta urgente construir un imaginario colectivo en el que la vivienda cooperativa en cesión de uso deje de percibirse como una excepción —o un privilegio— y pase a entenderse como una opción real, sólida y viable a corto plazo. Solo cuando la ciudadanía pueda imaginar que otras formas de habitar son posibles, será posible también ponerlas en marcha y defenderlas políticamente.
Ecología, feminismo y comunidad para otra forma de desarrollo territorial.
Recursos para seguir profundizando
Si te interesa promover tu propia comunidad a través del modelo de cooperativas de vivienda en cesión de uso, existen ya en Canarias y en el Estado diversas redes y experiencias desde las que informarse, formarse y acompañar estos procesos:
- Oficina de Innovación Cívica (OFIC)
Si quieres explorar la viabilidad de un proyecto de vivienda cooperativa en cesión de uso, diseñar procesos comunitarios o investigar nuevos estándares de vivienda ecosocial, puedes escribirnos a info@ofic.coop.
https://ofic.coop/ - EntreAlisios
Si quieres conocer una experiencia real en Canarias, esta cooperativa de vivienda en cesión de uso organiza charlas y encuentros periódicos para compartir aprendizajes y promover el modelo desde la experiencia práctica.
https://entrealisios.coop/ - Red Anagos
Red canaria de economía social y solidaria, con recursos y acompañamiento para proyectos cooperativos y comunitarios.
https://redanagos.org/ - Red de Vivienda CooperativaRed estatal que impulsa el modelo de vivienda cooperativa en cesión de uso y alternativas habitacionales desde la economía social y solidaria.
https://www.viviendacooperativa.red/
La Oficina de Innovación Cívica (OFIC) es una cooperativa de trabajo sin ánimo de lucro que trabaja en el ámbito del territorio, la vivienda y la transición ecosocial. Desde una perspectiva ecofeminista y de economía social y solidaria, desarrolla proyectos de arquitectura de vivienda cooperativa en cesión de uso, acompaña de forma integral a comunidades de covivienda y asesora a administraciones locales, estatales e internacionales, en el marco de trabajos vinculados a Naciones Unidas, en el diseño de políticas públicas relacionadas con la vivienda, los cuidados, la adaptación al cambio climático y la resiliencia social.
La OFIC la formamos actualmente Adrián Rodríguez, Pascual Pérez, María Tomé Nuez y Bentejui Hernández (socias trabajadoras), junto a Amanda Isa Peña y Rosa Pelluz (trabajadoras).
Notas al pie:
1 La movilidad privilegiada es la capacidad de determinados grupos de desplazarse y residir en distintos territorios gracias a su posición económica, legal o geopolítica, sin asumir los impactos sociales, ambientales o territoriales que dicha movilidad genera. En territorios insulares, tensiona especialmente el acceso a la vivienda y al suelo. En Canarias, la movilidad privilegiada convive y se entrelaza con la movilidad forzada, dando lugar a discursos y prácticas racistas que jerarquizan qué movilidades son aceptadas y cuáles criminalizadas.
2 Se entiende por residencialismo al proceso vinculado al turismo y a la inversión inmobiliaria mediante el cual viviendas se ocupan de forma parcial o especulativa, reduciendo el parque residencial disponible y debilitando los tejidos sociales y comunitarios.
3 La adaptación al cambio climático se entiende como un proceso que integra dimensiones sociales, comunitarias y de cuidados, orientado a reducir vulnerabilidades y fortalecer la resiliencia. Adaptation and resilience: The big picture.
https://unfccc.int/topics/adaptation-and-resilience/the-big-picture/introduction
4 Las maladaptaciones son acciones o políticas que, pese a buscar reducir riesgos a corto plazo, incrementan la vulnerabilidad social, territorial o ambiental a medio y largo plazo. En materia de vivienda, incluyen soluciones que consumen más suelo o refuerzan desigualdades sin abordar las causas estructurales. La ONU las identifica como uno de los principales retos de las políticas públicas actuales, al evidenciar la dificultad de las instituciones para anticipar la magnitud del colapso y reconocer los efectos no deseados de determinadas intervenciones.