Iván Vega
El pasado 24 de noviembre el ministro de cultura del gobierno de España, Ernest Urtasun (Sumar), anunció que el xaxo o momia guanche de Erques volverá a exhibirse al público en el Museo Arqueológico Nacional. Justo nueve meses le duró al ministro progresista la rebellina por “superar un marco colonial o anclado en inercias de género o etnocéntricas”.
La pregunta es ineludible: volver a exponer ante el público, como un objeto, los restos mortales profanados y expoliados de una persona perteneciente a un pueblo que sufrió una colonización cruenta, ¿no equivale acaso a validar y reafirmar el “marco colonial”? ¿Acaso no resulta asquerosamente etnocéntrico que los herederos de aquellos colonizadores exhiban hoy como un trofeo el cadáver de una persona cuyo pueblo colonizaron y esclavizaron brutalmente?
El ministro se escuda en que ahora sí van a cumplir la Carta de compromiso sobre el tratamiento ético de restos humanos. La Carta establece como principio general que no se exhibirán restos humanos, a no ser que sea imprescindible para la transmisión de conocimiento, y que en todo momento los restos se mostrarán con “respeto y dignidad”. Pues bien, imprescindible no es la exposición para la transmisión de conocimiento, pudiendo exhibir una réplica, tal y como hace el Museo de la Naturaleza y la Arqueología (MUNA) en Tenerife. Y aun en el caso dudoso de que así fuera, es el colmo de lo colonial que esa supuesta transmisión de conocimiento se le hurte al pueblo canario reteniendo el xaxo en Madrid, desoyendo las peticiones reiteradas de repatriación. En cuanto al “respeto y dignidad”, no existe absolutamente ninguna posibilidad digna ni respetuosa ni humana de enseñar al público en general un cadáver, máxime cuando sufre el escarnio de llevar peluca y haber sido alterado con un parche de cuero en el tórax.
Al final, la pretendida descolonización de los museos estatales del ministro Urtasun ha resultado ser otra boutade de la izquierda desnortada, puro fuego de artificio para edulcorar el mismo paternalismo insoportable y la misma imposición jerárquica de arriba hacia abajo, el mismo colonialismo latente que encontramos en otras fuerzas políticas españolas más a la derecha del espectro político. Esta es la izquierda que vive cómoda en el marco de la derecha y evita cuestionar las dinámicas del expolio económico capitalista y las relaciones entre pueblos basadas en la imposición. La decisión sobre la momia de Erques es un ejercicio claro de poder y de apropiación.
Esta deriva en el pensamiento supuestamente progresista no es ni mucho menos nueva ni tampoco se circunscribe al estado español. Viene de muy atrás y es un fenómeno global. La retórica anticolonialista vacía en torno a la apropiación del xaxo de Erques por España mediante un ejercicio de poder grosero es similar, por ejemplo, al lenguaje empleado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los famosos ODS de Naciones Unidas. Sobre el papel, los objetivos son loables: fin de la pobreza, hambre cero, educación de calidad, paz y así hasta 17 objetivos que deben haberse alcanzado en 2030. El avance a cuatro años vista se demuestra moderado en el mejor de los casos, cuando no inexistente o en franco retroceso. Pero la falla más sorprendente y flagrante de los ODS no radica en su escaso avance, sino en la ausencia de objetivos de desarrollo cultural autónomo. La mayor parte los ODS aparecen fundamentados en la “razón instrumental”, siguiendo la lógica del valor material como paradigma: el desarrollo digno de ese nombre ha de ser por fuerza mensurable en términos económicos, expresable en parámetros de coste-beneficio. Sin embargo, no hay desarrollo sostenible que valga si no va acompañado de un desarrollo cultural propio, una cultura vertebradora de cada sociedad, creadora de identidad, enmarcadora del autoconocimiento y generadora de una manera propia de ser y estar en el mundo, en función de parámetros autónomos, no importados acríticamente. Lo que, por cierto, también conlleva una dimensión económica nada desdeñable. Pues no: también en los ODS se percibe la imposición paternalista de supuestos ya elaborados desde arriba que habremos de asumir de manera acrítica, lo de desarrollar una cultura con producción intelectual capaz de ejercer el pensamiento crítico desde claves situadas no vale la pena ni incluirlo… Nuevamente, una imposición jerárquica de arriba hacia abajo, quizá bienintencionada, pero viciada de resabios colonialistas. Ejercicio de poder y apropiación.
El mundo entra en una nueva fase histórica. La semblanza de orden multilateral basado en normas comunes, profundamente insatisfactoria como vengo exponiendo, corre el peligro cierto de desmoronarse para dejarnos una realidad mucho peor, despojados de derechos y libertades que damos por sentados. Para oponer resistencia, la concepción progresista de las cosas, en todas sus declinaciones y gradaciones de gris, tiene que superar de una vez los marcos conservadores/reaccionarios, dejarse de imposiciones ilustradas y paternalismos alienantes, y creerse de verdad la retórica de las relaciones en pie de igualdad entre las diversas sociedades. Sin tutelas coloniales ni despotismos ilustrados. ¿Seremos capaces?