Aniaga Afonso
Recientemente, abría el Gobierno de Canarias el plazo para la consulta popular previa (CPP) a su propuesta de Ley de la canariedad en el exterior, que busca mejorar y actualizar la Ley 4/1986, de 25 de junio, de Entidades Canarias en el exterior.
Desde la Fundación Canaria Tamaimos aprovechamos la oportunidad para enviar nuestras aportaciones al boceto de Ley, que consideramos de enorme importancia para la canariedad fuera de nuestro país, no en vano, el germen de la Fundación, y sus miembros fundadores, estaban en la diáspora cuando tuvieron la iniciativa de unirse y dar forma a las inquietudes que tenían sobre Canarias, desde el extranjero. Ivan y Tenesor desde Bruselas, y Josemi desde Madrid, iniciaron la Fundación Canaria Tamaimos como forma de aportar, transformar y generar pensamiento crítico sobre la realidad insular, para cada vez más re-centrarnos, valorando y difundiendo la identidad que nos conforma como pueblo.
Al respecto de la Ley de Canariedad en el exterior, consideramos y valoramos positivamente la iniciativa del Gobierno de Canarias y al mismo tiempo creemos que se puede mejorar en diversos ámbitos y de ello dejamos constancia en las propuestas, que pasamos a explicar a continuación:
En primer lugar, la ley debería contemplar no solo a los canarios emigrados al continente americano (la emigración histórica y, en ese caso particular, incluir una cláusula de reparación histórica o un reconocimiento explícito de los contextos en los que algunas migraciones tuvieron o han tenido lugar), sino al conjunto de la diáspora canaria, teniendo en cuenta a todos aquellos que por cuestiones diversas (económicas, familiares…) han tenido que abandonar las Islas e instalarse en cualquier otro lugar del globo, incluyendo, obviamente, a los canarios emigrados al continente europeo, en cualquiera de sus países. A este respecto, sería interesante, y necesario, conocer el número total de canarios en el exterior, no solo de los que se establecieron en América.
Asimismo, creemos que no solo debería de dar cobertura a los canarios en condiciones de necesidad, sino ser un abanico y una oportunidad también para que las y los emigrados puedan aportar desde sus experiencias o proyectos, cosa que solo puede suceder si las instituciones canarias tienen contacto con la población emigrada.
En nuestra opinión, la representación de Canarias en el exterior debería aumentarse y hacerse visible y accesible para los canarios en la diáspora, dotando a esa representación de los recursos humanos y económicos necesarios que hagan posible el conocimiento y mantenimiento de lazos entre las dos comunidades, y entendemos, una vez más, que la comunidad emigrada no puede ser considerada únicamente pasiva, sino que la hibridación, la diversidad y la historia de la diáspora debe servir también para enriquecer a la comunidad en el Archipiélago. Potenciar, asimismo la autonomía de las comunidades de emigrantes canarios en marcos de colaboración horizontal que eviten la excesiva dependencia de la metrópoli, que significaria siempre “estar a expensas de” en lugar de poder desarrollar iniciativas particulares.
Especial atención nos mereció también el concepto de arraigo, debido a lo delicado de su naturaleza. Entendemos que la ley debe definirlo más claramente y que deben ser expertos quienes lo hagan, dando especial énfasis al mantenimiento de lazos fuertes con Canarias y a la posibilidad de retornar, por parte de los y las emigradas canarias. Sobre este punto en particular es clave tener en cuenta las características y el limitado territorio insular, que sufre una presión demográfica constante (e insostenible) por parte de población foránea, principalmente europea -no nos referimos en ningún caso a las personas que llegan a las Islas obligadas por las condiciones más perentorias- y que no pueden ser obstáculo para que la población canaria emigrada pueda algún día regresar a su lugar de origen.
Hay ya ejemplos en activo que regulan esta situación en países de la Unión Europea, como por ejemplo Dinamarca, Malta o el archipiélago finlandes de Aland (que por cuestiones evidentes tiene muchas cosas en común con el canario), donde, por ejemplo, la compra de vivienda por parte de extranjeros está muy regulada. Y, unido a esto, nos pareció también oportuno mencionar la necesidad de distinguir entre los desplazamientos turísticos al archipiélago y los de carácter familiar o de arraigo. La población canaria emigrada sufre, en gran medida, el impacto de la gran demanda turística en las Islas que, en muchas ocasiones, imposibilita el viaje de regreso debido a los altos precios a los que hay que hacer frente, llegando a acumularse años sin poder visitar a los familiares y amigos, incluso en fechas especiales (Navidades, cumpleaños…) pero también en el caso de decesos o enfermedades.
La ley pretende también definir los conceptos de “cultura” e “identidad”. En nuestra opinión resulta arriesgado tratar de definir conceptos tan amplios en un texto jurídico de estas características. Entendemos que la identidad de los emigrantes es dinámica y a menudo bicultural, producto de la adaptación al país de acogida, y que crear una definición legal demasiado rígida al respecto podría generar disonancia o la decepción de no cumplir con el ideal de canariedad prescrito por una ley, que llevaría a fragmentar a la comunidad canaria en el exilio en lugar de unirla.
En definitiva, nuestras aportaciones, que esperamos puedan ser incluidas en la Ley, pretenden completar y en algunos casos añadir lo propuesto en la Ley, siempre teniendo en cuenta una canariedad plural, que mantenga los lazos con el Archipiélago y proteja a sus migrantes, sin dejar de darles el valor y el reconocimiento que merecen. Hemos sido, y somos, tanto tierra de emigrantes como tierra de acogida, ese intercambio de personas y culturas nos ha ido nutriendo a nosotros y a los lugares y personas a donde hemos ido, desde las tristemente famosas ventas de esclavos guanches después de la conquista a las históricas fundaciones por parte de canarias y canarios de Montevideo, en Uruguay, o San Antonio de Texas, en Estados Unidos, y los boricuas en Puerto Rico, pasando por los indianos que nos trajeron a la Negra Tomasa, el Mataculebra, los sones de La Habana, o la cartilla con la que aprendió a leer mi abuela paterna… las arepas, el pabellón criollo o las guayaberas, Canarias ha sido una madre generosa, tanto de ida como de vuelta. Las personas que nos hemos visto, forzadas o no, a dejar las Islas en algún momento de nuestras vidas, debemos (y queremos) poder seguir formando siempre parte activa de ellas, contribuyendo a su mejora y desarrollo.