Josemi Martín
Si tras las próximas elecciones generales no se construye una nueva mayoría de gobierno en torno al PSOE y las fuerzas que lo han sostenido en estos últimos años, habrá que empezar a pensar en la posibilidad de dejar gobernar al PP en minoría con apoyos puntuales.
La escasa visión estratégica de Junts, que parece incapaz de sostener un proyecto político que vaya más allá de la resolución del “problema Puigdemont”, no hace sino acercar la posibilidad cierta de que en 2026 haya elecciones generales. Su giro obstruccionista, por el que intentará bloquear la iniciativa legislativa del bloque que todavía apoya al gobierno mediante la presentación de enmiendas a la totalidad a prácticamente todas sus proposiciones de ley, no anuncia nada bueno. Unos nuevos presupuestos parecen cada vez más inalcanzables, lo que no deja de ser un bloqueo en sí mismo a la acción de gobierno.
Tal y como era de esperar, las elecciones estatales serán antes que las elecciones canarias, tal vez coincidiendo con las andaluzas y, desde luego, «encajadas» en un contexto de pugna electoral en diferentes autonomías: en principio, Extremadura (en diciembre), Andalucía y Castilla y León (en 2026), sin descartar alguna otra. El que las elecciones generales precedan a las canarias es en sí mismo un factor de enorme importancia para la configuración del tablero político electoral en nuestro país, especialmente en el campo canarista, bastante más convulso que el españolista.
Parece razonable pensar que CC y 1ºCAN conformarán una única oferta electoral en dichas elecciones. Doy por hecho que también AHI será parte de la misma. No veo descabellado que ASG pueda estar interesada en sumarse: aunque en realidad tiene su senador asegurado le puede convenir ganar cierta interlocución directa en un hipotético grupo canario en el Congreso, hoy lejano pero no imposible . Personalmente desearía que NC no se quedara fuera de juego y reforzara el ala izquierda de este frente amplio canarista. Es probable que la cúpula no acepte jugar ese papel pero su electorado es otra cosa bien distinta, sensible y hasta entusiasta con una mesa de unidad canaria. También entrarían en juego numerosas experiencias municipales que ahora empezarán a buscar acomodo en espacios políticos más amplios y que bien pueden sentirse mejor acogidos en una oferta de amplio espectro canarista que en el rígido bloque de partidos del españolismo. No es poca la acumulación de fuerzas. Pero, ¿exactamente para qué?
Me interesa especialmente lo que esta mesa de unidad pueda poner encima de la mesa como programa electoral. No podrá ser, desde luego, la Agenda Canaria en la versión que Coalición Canaria ha sostenido durante los últimos años, en ocasiones con el apoyo de Nueva Canarias. Algo deberá cambiar. Ésa es la clave. Si no fuera así, el movimiento de 1ºCAN podría ser visto como una simple anexión por parte de CC. Pero, ¿qué cambio sería ese? No parece, en principio, que 1ºCAN traiga bagaje ideológico suficiente como para poder introducir elementos de carácter, por ejemplo, profundamente nacionalista. La lectura de sus textos fundacionales no anuncia nada en ese sentido: aceptación acrítica del actual Estatuto de Autonomía y la Constitución. Pero, insisto, algo debe moverse, si no se quiere entrar en un juego de suma cero. ¿Y si hablamos de las aguas, de una Ley de Residencia, de poner un calendario realista para la culminación de las transferencias contempladas en la última reforma estatutaria, de avanzar hacia un modelo exclusivo de despliegue total de la Policía Canaria, de la cesión definitiva de la gestión de los aeropuertos canarios, etc.? Le estoy pidiendo al autonomismo que se haga adulto, maduro, nacionalista…
Parece deseable que la aportación de 1ºCAN –y la de otros– contribuya a deshacer la alianza de facto con el PP con la que la dirección actual de CC parece sentirse tan cómoda en Madrid. Lo de Canarias lo dejamos para más adelante… Se apoya la investidura de Pedro Sánchez a regañadientes pero, en mi opinión, no se comprende suficientemente que un PP a lomos de Vox es lo peor que le puede pasar a Canarias, a nuestro alicorto autogobierno y, en definitiva, a nuestro pueblo. Aislar a Vox pasa, en buena medida, por impedir que el PP se arroje en sus brazos, además de por bloquearlo en las instituciones municipales en Tenerife o no fichar a sus subproductos en Fuerteventura y sacar pecho por ello. Si esta orientación no está clara, habrá servido para poco incluso lograr un hipotético grupo canarista en el Congreso. ¿O alguien cree que la Agenda Canaria, incluso en su versión menos ambiciosa, no sería sistemáticamente bloqueada por una fuerza que piensa que los canarismos, propios de nuestro dialecto, son «adoctrinamiento»? Hasta ahí llega el odio de la ultraderecha a la más mínima defensa de la canariedad.
Si tras las próximas elecciones generales no se construye una nueva mayoría de gobierno en torno al PSOE y las fuerzas que lo han sostenido en estos últimos años, habrá que empezar a pensar en la posibilidad de dejar gobernar al PP en minoría con apoyos puntuales, invalidando de hecho la presencia de Vox, por mucho que crezca, en el Congreso. No es nada nuevo para el canarismo: tanto CC (con ICAN dentro) como NC lo han practicado en el pasado sin demasiado problema. ¿Estará el frente canarista listo para jugar su papel en ese escenario? No parece que a CC le vaya a costar demasiado. ¿Y al resto? ¿Y Sumar? ¿Y Podemos? ¿Preferirán un bloqueo en el Congreso que aboque a nuevas elecciones? ¿A quién beneficiaría algo así, además de a Vox? A ver si va a ser que no solo a Junts le hace falta algo de visión estratégica.