El libro Canarismo. Sobre nacionalistas y otras especies amenazadas fue publicado en mayo de 2022. A la luz de los acontecimientos que han tenido lugar recientemente en el campo canarista, el autor ha creído conveniente, con motivo del lanzamiento de una segunda edición revisada y ampliada, cerrar la misma con un texto a modo de ensayo, cuyo título encabeza esta entrada, en el que actualiza algunas de sus posiciones y, sobre todo, analiza el convulso momento actual. Reproducimos a continuación el apartado titulado «Partido transversal o partido nicho: un falso dilema»
«Quiero hacer antes que nada referencia ahora a una actitud que he visto frecuentemente entre la gente más politizada. Yo mismo he sido ejemplo de ella durante muchos años aunque ahora vea las cosas de otra manera. Sucede que hay personas con un perfil ideológico muy marcado. Se definen, por ejemplo, como socialdemócratas, municipalistas y nacionalistas; o liberales e insularistas. Esto por supuesto es muy legítimo. Es deseable que, cultivando una cierta flexibilidad y eclecticismo, uno sepa definirse de alguna manera en un terreno tan escabroso como el de la política.
Sin embargo, en mi opinión, los problemas comienzan cuando uno desea que el/su partido sea un reflejo colectivo de su postura individual: que el partido sea también y exclusivamente socialdemócrata, municipalista y nacionalista o liberal e insularista. Más allá de las altisonantes y poco creíbles proclamas en congresos y demás liturgias colectivas, los partidos no pueden responder a las identificaciones ideológicas de manera tan unívoca como aspira a hacer un individuo. Es más, si las personas albergamos con frecuencia ideas contradictorias, ¿cómo no va a hacerlo un partido, que por definición es una amalgama de personas, sensibilidades, corrientes, etc.? No defiendo el decir un día una cosa y al siguiente la contraria –reflejo de una personalidad escindida- pero sí tratar de cultivar una óptica realista, menos dada a la autocomplacencia, donde se admita una pluralidad sensata, el derecho a cambiar de opinión, el respeto a las minorías… y menos épica autolaudatoria por parte de los aparatos políticos.
Salvo que un partido sea minúsculo, la norma de un colectivo siempre será la heterogeneidad y no la homogeneidad. A mayor amplitud, mayor diversidad. Quienes pretendan presentar una fuerza política determinada, como un todo homogéneo que encarna unas ideas muy específicas de manera unívoca, a mi juicio se equivoca enormemente o, peor, pretende sostener una ceremonia de la confusión por inconfesables razones. No se debe caer en la ingenuidad. Hay que andar prevenidos y distinguir entre el marketing político, la voluntad de deslindar campos ideológicos para la construcción de una marca electoral, la batalla contra el adversario –al que se suele representar también como un todo homogéneo pero ahora cargado de defectos y actitudes odiosas aunque hace meses era un compañero ejemplar–… y la realidad de partidos que se sitúan de manera más o menos imprecisa en unas coordenadas poco alejadas, con tendencia a la inestabilidad en función de la coyuntura, los cambios en la sociedad y en las mentalidades, las luchas intestinas, las preferencias del electorado, etc. “Et tout le reste est littérature”, que diría Verlaine.
En otras palabras, aunque los partidos intenten proyectar una imagen de coherencia ideológica interna y externa, la realidad es que buscan representar a sectores amplios de la sociedad y eso les hace oscilar entre diferentes posturas, ser imprecisos y hasta contradictorios1. Y es aquí donde podemos encontrar el falso dilema entre partidos transversales y partidos nicho.
Los partidos políticos son organismos que actúan movidos fundamentalmente por criterios de costes y beneficios. Si se evalúa que una determinada postura provocará unos altos costes en términos de apoyos, alianzas, votos… un partido la desechará, normalmente trasladando argumentos de carácter ideológico, que estéticamente siempre queda mejor. Sin embargo, si un posicionamiento concreto es visto como una fuente de beneficios de todo tipo, ese mismo partido adoptará dicha postura rápidamente en clave ideológica o instrumental. Así vemos cómo lo que en un municipio es inaceptable, en otro es perfectamente posible, o como las denominadas “líneas rojas”2 se cruzan sin demasiado problema, con el conveniente “apagón informativo” entre los comentaristas afines.
Un partido con vocación transversal incurrirá frecuentemente en contradicciones más o menos esperables debido a su intento de acoger a sectores sociales diversos y hasta con intereses contrapuestos. Si la transversalidad es mayúscula, el riesgo de fractura será cierto y deberá volver a empezar3. Un partido nicho, en cambio, está condenado al fracaso a la hora de convertirse en una fuerza con amplio apoyo social en la mayoría de las ocasiones: si busca representar a un sector muy concreto de la sociedad, con una ubicación ideológica muy precisa, forzosamente estará reduciendo sus posibilidades electorales a capturar una parte de dicho sector, pues nunca será el único actor en ese nicho.
Un partido puede permitirse funcionar en claves más o menos estrictas ideológicamente si en un ámbito muy concreto goza de un apoyo muy sólido y actúa prácticamente “al margen del sistema”: por ejemplo, si en un municipio concreto tiene una mayoría absoluta recurrente. Aun así, forzosamente deberá asumir que cuando se ejerce responsabilidades de gobierno, no se gobierna exclusivamente para el núcleo duro de sus votantes sino para el conjunto de la población, la que te vota y la que no. De este hecho, se derivará una separación entre lo que se preconiza en el endogrupo y lo que finalmente recibe el exogrupo. Sin embargo, este caso no es lo habitual. Es más frecuente el que los partidos políticos necesiten llegar a acuerdos con fuerzas de distinto signo a no ser que se tenga una vocación de eterna oposición. La diferencia entre el techo de demanda que el endogrupo se habrá trazado y lo que finalmente se acabe haciendo en compañía de otros para el exogrupo será aún mayor.
En una sociedad como la canaria, cuyo electorado se ubica mayoritariamente en el espacio que va desde el centro-izquierda hasta el centro-derecha4 pretender ubicarse fuera de dichas coordenadas es fundamentalmente un ejercicio fallido de marketing político. La conquista de la centralidad y la hegemonía solo puede lograrse desde la disputa del centro del tablero político. Sólo en contextos muy anómalos se puede llegar a dar un vuelco del electorado hacia los extremos. Temo que podamos vivir un fenómeno de este calibre en 2027, pero en este caso hacia la extrema derecha. El momento populista inaugurado por el primer Podemos en 2015 y que tuvo un reflejo mimético en Canarias no es algo que se pueda replicar a fuerza de voluntarismo o por puro oportunismo político. Algo así no está en el horizonte de la sociedad canaria y yerran quienes, confundiendo deseos con realidad, pretenden arrogarse semejante papel iniciando de facto un repliegue sobre sí mismos cuando lo que tocaría es la apertura a la sociedad, toda la sociedad y no sólo aquella porción que piensa exactamente en las mismas claves ideológicas que definirían a tu partido.
En definitiva, tengo para mí que con el falso dilema entre el partido transversal y el partido nicho sucede lo que le ocurría a la zorra con las uvas en la fábula de Esopo: como no podía alcanzarlas, se contentaba a sí misma con el autoengaño de que aún estaban verdes. Quienes no pueden o no saben construir un partido transversal, tienen que conformarse con el triste premio de consolación del partido nicho5.»
- Ha caído algo en desuso la expresión “partido interclasista” para referirse a un partido en el que distintas clases sociales y sus intereses “objetivos” estarían representados. Dicha fórmula hace aguas por muchos lados. La misma noción de clases sociales ha sido muy discutida durante décadas, no digamos ya el que una clase social tenga intereses objetivos y que actúe unívocamente para la consecución de los mismos. Me parece más acertado hablar de grupos sociales, que no se definen exclusivamente por el lugar que ocupan en las relaciones de producción, y que no suelen actuar política o electoralmente de manera unidireccional, movidos por unos determinados fines que les son propios sino por una variedad de motivaciones que no siempre pertenecen a la esfera de lo material o lo económico. Por último, si aceptamos dicha expresión, creo que podremos concluir que todos los partidos son interclasistas, en mayor o menor medida y, con frecuencia, es en los partidos de izquierda donde encontramos una mayor proporción de gente acomodada, profesionales liberales, etc. No digamos ya del enorme apoyo que entre los sectores populares empieza a tener alguna fuerza de ultraderecha. Los resultados electorales por distritos resultan especialmente ilustrativos al respecto. Hay quienes preferirían vivir en un mundo de partidos obreros (buenos) y partidos burgueses (malos) pero la realidad es bastante más compleja que todo eso. ↩︎
- Hasta en tres ocasiones ha cruzado Coalición Canaria su línea roja en lo que hace a no llegar a acuerdos con Vox: en Teguise, Arona y Granadilla de Abona. Decir que estoy rotundamente en contra de este tipo de pactos se me hace insuficiente: me indigna que el voto canarista –todavía algunos lo llamarán nacionalista– haya podido servir para posibilitar el ejercicio del gobierno a un partido ultra. Lamentablemente, también debo decir que, en mi opinión, es algo que tiene más que ver con la mediocridad y el oportunismo que con cualquier planteamiento mínimamente ideológico. Ya no sabe uno qué es peor. Sin necesidad de irnos a los extremos, no puede dejar de llamarme la atención la armonía del pacto de gobierno entre NC y el PP en el municipio de La Aldea. Desde luego no parece una práctica común entre los partidos nacionalistas de izquierda estatales (Bildu, BNG, ERC, etc.) con los que NC buscar ahora equipararse. ↩︎
- No puedo dejar de recomendar el estudio de lo que supuso para ambas partes la escisión entre el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Eusko Alkartasuna (EA). Ya ha transcurrido el suficiente tiempo como para poder extraer alguna lección de aquel episodio que, como suele suceder, tuvo sus raíces político-ideológicas pero también su componente personal. ↩︎
- El 84% del electorado canario se ubica en las categorías “centro-izquierda” (38’1%), “centro” (28’8%) y “centro-derecha” (17’1%) según el Sociobarómetro de Canarias, Noviembre 2024 ↩︎
- Esta fábula también se podría aplicar a aquellas opciones con electorado más claramente situado a la izquierda y que votan a partidos cuya única y autoimpuesta vía de alcanzar el poder institucional sea que el PSOE necesite de tus votos. Quedan mal parados cuando el PSOE tiene otros planes en mente… El tránsito del radicalismo verbal al posibilismo y vuelta al radicalismo verbal en la oposición no es particularmente ilusionante para quienes vean en la política una vía para la transformación social. ↩︎