Se acabó la barra libre, el todo incluido y el todo vale. Nuestra sociedad comparte algunas certezas muy evidentes acerca del modelo de desarrollo imperante en las islas durante décadas. Dejó de ser un modelo, si es que alguna vez lo fue, que aportaba más beneficios que pérdidas en términos no estrictamente económicos. Dicho en otras palabras, el turismo de masas no nos hace vivir mejor sino peor. La ingente riqueza generada por el negocio turístico se va fuera de Canarias, dejando aquí las migajas traducidas en tasas de pobreza vergonzantes, precariedad laboral, bajos salarios y, entre otras cosas, la práctica imposibilidad de acceder al disfrute de una vivienda digna para buena parte de la población isleña. La saturación ambiental de las islas no es una amenaza para el futuro sino una debilidad tan presente como evidente. Vienen demasiados visitantes –encantados de no pagar la ecotasa que pagan en cualquier otro destino– se generan demasiados residuos, hay demasiados coches, demasiada gente en demasiados lugares dedicados al monocultivo turístico. No hay ahora mismo ideas más transversalmente compartidas en la sociedad canaria que estas que aquí compartimos. Tanto como que todos los partidos políticos que han estado en tareas de gobierno durante la etapa autonómica han contribuido en mayor o menor medida desde gobierno, cabildos y ayuntamientos para llegar a esta situación.
El 20 de abril de 2024 el pueblo canario dio un golpe encima de la mesa que no ha sido atendido. Suele suceder que la clase política hace oídos sordos mientras puede: los que están en el poder actúan como si las protestas no fueran con ellos; los que están en la oposición intentan hacer creer que siempre estuvieron con la contestación, aunque por alguna extraña razón no se notara cuando gobernaban. Volveremos a salir a la calle el 18 de mayo de 2025 y observaremos actitudes parecidas por parte de unos y otros. No conviene perder el tiempo. Rechazamos cualquier posible tentación de extremismo ni siquiera verbal que haga perder la amplitud social e ideológica expresada en aquella primera fecha. Comprendemos la tentación que nace de la frustración pero es la mente fría la que hace ganar siempre las batallas y nunca el ardor guerrero mal entendido. Es mucho lo que hay que hacer. Todas las causas convergen en una y ninguna sobra. Nos uniremos nuevamente, sin ningún tipo de ambigüedad a la protesta porque los motivos siguen ahí y nos sobran hace tiempo.
Ahora bien, tal vez haya que mirar un poco hacia adentro, sin ánimo autoflagelatorio pero sí constructivo. ¿Cómo evitar esta sensación de déjà vu que razonablemente nos embarga? ¿Volveremos a repetir la misma manifestación por estas fechas en 2026? ¿No es razonable admitir que aquello de “la agenda la marcamos nosotras” tenía más de deseo que de realidad? ¿No ha llegado el momento de que, sobre la base de lo mejor de la experiencia de Canarias Palante, inspirándonos en el ejemplo de la Fundación César Manrique o la europea Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo, el movimiento Canarias Tiene Un Límite dé un paso organizativo adelante para que no pueda ser ninguneado y sea reconocido definitivamente como actor de la sociedad civil canaria, con presencia formal allí donde debe tenerla? ¿No es hora de ir articulando desde la ciudadanía resistente una estructura legal, potente, semejante a las que en otras latitudes asumen la custodia del territorio para que no sea tan fácil invisibilizarnos y desoír nuestras propuestas? Quienes más interés tienen en que nada cambie nos quieren divididos, exaltados y fuera de cualquier espacio de decisión. Empecemos el 18 de mayo a decirles que con inteligencia colectiva y estructura organizativa a la altura del objetivo que perseguimos, no será posible que sigan ignorando a la sociedad civil como hasta ahora ni maltratando a nuestra tierra y a nuestro pueblo.