Maccanti no es un poeta de nuestro país, es nuestro país hecho poema. Su obra, siempre sorprendente, no escapa al embrujo de un paisaje propio, de unas circunstancias entendidas como esenciales, no como límites asfixiantes. Al contrario, Maccanti es, quiere ser, ese paisaje hasta las últimas consecuencias.