
Haciendo un balance de los libros que he leído sobre Bélgica, caigo en la cuenta de dos cosas: la primera, que el primero lo leí hace ya algunos años, en 1996; la segunda, que desde entonces apenas he leído dos libros más. Y cómo explicar que haya leído tan poco sobre un país que me ha aportado tanto.
La respuesta la he encontrado, precisamente en el último libro leído, Le labyrinthe belge (el laberinto belga), traducción al francés de la obra homónima del escritor belga de lengua neerlandesa, Geert ...